El cine-teatro Variedades, construido en 1891, es el único edificio teatral anterior al Teatro Nacional que subsiste en San José y el primero en modificarse para convertirse en cine. Hoy sigue enplena actividad. En Teatros de Costa Rica (1941), el periodista Fernando Borges señala que la llegada del empresario italiano Mario Urbini, “hombre de esfuerzos, de ambiciones, de iniciativas”, introdujo la exhibición cinematográfica moderna. Gracias a él, al célebre Perry Girton, y a familias como los Raventós y los Múrolo, la invención de los hermanos Lumière se transformó en una industria del entretenimiento para los costarricenses.
En 1930, la primera película nacional, El retorno, de Albert Francis Bertoni , no solo se estrenó en el Variedades, sino que fue financiada por la familia Urbini. Desde entonces, el Variedades es mucho más que una fachada icónica, es el emblema de nuestro cine y un espacio que ha acogido a casi todas las manifestaciones artísticas, en especial al cine y a las artes escénicas.
En 1995, se restauró y reestrenó El retorno , como parte del centenario del cinematógrafo, y desde un año antes la Muestra de Cine y Video escogió el Variedades como su sede. En el 2001, el Centro de Cine, bajo la dirección del productor y crítico Gabriel González Vega, rindió homenaje a la primera sala del país y se iniciaron los esfuerzos de parte del Estado por adquirirla y preservarla.
Durante la reciente gestión de don Guido Sáenz como ministro de Cultura (2002-2006), en la que fungí como directora del Centro de Cine y luego como asesora, tuvo a cargo el proceso de acercamiento a la familia propietaria con miras a cumplir este objetivo. Sin embargo, el Ministerio decidió orientarse a la recuperación y restauración de la Antigua Aduana.
Al inicio del Gobierno actual, llevé esta inquietud al ministro Manuel Obregón y al viceministro Iván Rodríguez. Ambos se mostraron entusiastas con la idea y se retomó el contacto con la familia Jinesta Urbini, la cual se ha esmerado devota y generosamente por preservar el legado de su fundador.
La situación fiscal y las apremiantes necesidades del Estado, que vemos a diario, parecen reiterar una respuesta que escuchamos con frecuencia quienes trabajamos en el campo de la cultura: “no hay plata”. A lo que se puede replicar: Y ¿hay voluntad política? A lo largo de una década, la familia Jinesta Urbini ha ofrecido diversas alternativas que no implican la compra directa del cine y después de este proceso la vía más factible parece ser el intercambio o canje con otro inmueble del Estado (incluso con uno que es propiedad del Ministerio de Cultura).
¿No hay plata o no vemos la importancia de conservar la primera sala de cine del país? (que también es la última en San José). El Variedades, calificado en 1893 “nuestro cucarachero querido” por la prensa, es ahora un espacio vivo, una sala moderna y un patrimonio cultural que, como lo hizo en 1930, puede servir de plataforma al audiovisual costarricense del siglo XXI.