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Foto Principal: 1555256
Oliva y María del Socorro Cortés García trabajan en estos días en la elaboración de rosquillas de maíz en su casa de Liberia.
Jéssica López para LN

Pamperos encienden hornos


Jéssica López
Corresponsal

Santa Cruz y Liberia, Guanacaste. Saborear una gama de platillos hechos con maíz es la tradición de Semana Santa de muchas familias guanacastecas.

Durante estas fechas, encienden sus hornos de barro para cocinar productos de maíz.

De este grano salen rosquillas, empanadas con relleno de queso y azúcar y tanelas que se hornean con mucho recelo.

Hacer las rosquillas (‘bizcochos’ en la jerga josefina) implica un cansado trabajo que se inicia con la preparación del maíz.

El grano se cocina en ceniza para desprender la casi invisible cubierta de esta semilla.

Luego se lava varias veces y, cuando no queda ceniza alguna, se muele para hacer la masa.

Con la masa bien aliñada con queso molido, llega la hora de hacer las rosquillas.

Se trata de una prueba de destreza porque en manos inexpertas no se logra la forma anillada.

Al final del proceso, las rosquillas van al horno de barro.

Actualmente, esta tradición culinaria sobrevive en la cuchara de unas pocas señoras, quienes hornean para sus familias y para cumplir con los “encargos” (una rosquilla vale unos ¢20).

“La gente las espera en la puerta del horno. Estos platillos son muy apetecidos”, explicó Oliva Cortés García, vecina de Liberia.

Ella y su hermana, María del Socorro, tienen 30 años de preservar esta tradición pampera.

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