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Formación del corazón


Milagro Masís Vargas
Educadora

A todos nos parece que es necesario buscar soluciones a los signos de deterioro social que observamos pero un diagnóstico superficial de las causas de los problemas puede hacer fracasar los proyectos para remediarlos.

Ante la noticia de la aparición de fotografías pornográficas de estudiantes ticas en Internet, la institución encargada de la niñez en Costa Rica proponía “insistir en que la educación sexual es un elemento central (…) no se trata de reprimir sino de educar”. Pero ¿es ésta una solución válida?

En entrevista concedida a periodistas alemanes en agosto de 2006, hablando sobre el problema del sida en África, decía el papa Benedicto XVI: “El verdadero problema de nuestra situación histórica es el desequilibrio entre el crecimiento increíblemente rápido de nuestro poder técnico y el de nuestra capacidad moral, que no crece de forma proporcional. Por eso la formación de la persona es la verdadera receta, la llave de todo, diría. (…) Y esta formación tiene –para resumir– dos dimensiones. Sobre todo, naturalmente, tenemos que aprender, adquirir saber, capacidad, ‘know-how’ como se suele decir. (…) Pero si solo se difunde el ‘know-how’, si solo se enseña cómo se construyen y se usan las máquinas, y cómo se emplean los métodos de contracepción, entonces no hay que maravillarse de que al final nos encontremos con guerras y con epidemias de sida. Porque nosotros necesitamos dos dimensiones: es necesaria al mismo tiempo la formación del corazón –si me puedo expresar de este modo– con la que la persona adquiere referencias y aprende también de este modo a usar correctamente su técnica”.

Malos ejemplos. La verdadera formación no se queda en lo técnico, presta particular atención a la moral, a la educación de la voluntad, lleva a la persona a dominar la fuerza de sus emociones, lo cual presupone crear el clima propicio para que las virtudes crezcan y, principalmente, la ayuda de otras personas en las que se vea realizada la vida buena, la que está configurada por las virtudes.

Las autoridades del MEP explicaban que estas muchachas están expuestas a ambientes eróticos en sus hogares, pero ¿quién no está expuesto actualmente a un ambiente cargado de erotismo con la colaboración de medios escritos y audiovisuales y con la tolerancia pasiva de casi toda la sociedad? La imagen a imitar es la que se ve realizada en el cine, la TV y la farándula, y es por tanto el patrón de conducta ¿por qué nos extraña que las menores de edad se exhiban si lo permitimos en las mayores?

El problema no es que se reprime, el problema es que no se enseña por qué hay que respetar mi cuerpo y el de los demás, por qué cuidar la propia intimidad, por qué no debo usar la técnica en contra de la dignidad humana. No se enseña a gestionar los propios sentimientos: en otros sucesos recientes vemos estudiantes incapaces de solucionar sus conflictos con el diálogo, recurriendo a revanchas y actos vandálicos.

Dominio propio no es represión: es verdadera libertad de autodirigirse hacia un proyecto de vida útil para sí mismo y para la sociedad en la que se vive.

Ante los recientes actos de violencia estudiantil, decía el ministro de Educación Pública que la salida de fondo es volver a incorporar la ética en la enseñanza de la convivencia ( La Nación , 13 de marzo). Así es. Ojalá que se inviertan tiempo y recursos en implementar en las aulas un programa que nos ayude a formar integralmente a nuestros jóvenes.

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