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EDITORIAL |
Diversificación del riesgo cambiario
La sabiduría popular aconseja no poner todos los huevos en la misma canasta
Conviene revisar nuestras políticas hacia la diversificación en vista de la situación del dólar
Asumir riesgos cambiarios es consustancial al sistema financiero moderno. Es parte de la globalización y, en particular, del intercambio de bienes y servicios financieros y las transacciones de capital. Cada vez que se exportan o importan mercancías, o se mueven capitales de una nación a otra, se involucran dos o más monedas y surge de inmediato la incógnita sobre el comportamiento futuro de los tipos de cambio involucrados. Pero resulta que la moneda fuerte tradicional, el “ancla” del sistema financiero internacional, ya no es el dólar de los EE. UU. Otras monedas han venido a competir con él. Algunas con mucho éxito, como el euro.
Costa Rica, sin embargo, ha sido fiel al tradicional billete verde. En esa moneda se efectúan los pagos internacionales, se pagan muchas indemnizaciones y se fijan los precios de ciertos contratos importantes, como alquileres, sueldos de ejecutivos, vehículos y bienes raíces. También se denomina en dólares casi el 50 % de los activos y pasivos del sistema bancario nacional, parte importante del ahorro financiero de personas y empresas, un porcentaje creciente de los fondos de pensiones e inversión, y las reservas monetarias internacionales del Banco Central. Es hora de aprender a diversificar los riesgos. Porque el dólar ha venido perdiendo terreno aceleradamente frente a otras monedas, como el euro y el yen japonés.
El tipo de cambio, conocido como la paridad entre dos monedas, era originalmente de 1 a 1 entre el dólar y el euro. Pero recientemente se ha llegado a cotizar a $1,50 por 1 euro, lo que representa una depreciación acumulada del dólar de un 50% desde que se creó el euro. En los últimos doce meses la depreciación ha representado casi un 20%, lo que muestra una tendencia preocupante. Según los analistas, si se toman en cuenta el déficit comercial de los Estados Unidos y las últimas decisiones del Banco Federal de Reserva (FED) de reducir las tasas de interés para reactivar la economía, bien podría depreciarse un poco más en los próximos doce meses, antes de empezar a repuntar. Evidentemente, la menor rentabilidad relativa de las inversiones financieras en dólares como consecuencia de la baja en las tasas de interés, impone mayor presión sobre las cotizaciones del mercado cambiario.
La confianza tradicional en el dólar se funda en factores económicos y políticos: confianza en su democracia, solidez de sus instituciones, políticas económicas relativamente aceptables, baja inflación, productividad, alto crecimiento y un mercado de valores pujante. Pero hoy día otras naciones también ofrecen características similares, aunque con mayores grados de estabilidad macroeconómica y cambiaria. Los países europeos, por ejemplo, se caracterizan por mantener políticas fiscales más equilibradas y cuentas externas sin abultados déficit. Los países asiáticos y los productores de petróleo han logrado expandir sus exportaciones y gozar superávit en sus balanzas de pagos, apreciando sus monedas. Muchos de ellos, no obstante, mantienen un cúmulo importante de sus reservas excedentes en títulos del Tesoro de los EE. UU. Si el dólar continuara depreciándose, o reduciéndose las tasas de interés en ese país, podrían diversificar sus reservas y presionar el dólar a la baja.
En ese contexto, y ante las expectativas de oscilaciones cotidianas propias de una mercado libre, una sana y precavida administración del riesgo cambiario exige diversificar las monedas de reservas y, desde luego, los activos que componen el portafolio de los actores económicos costarricenses, particularmente de las empresas, fondos de pensiones e inversión, entidades financieras y bancarias y el propio Banco Central. El sabio refrán popular adquiere plena relevancia: no poner todos los huevos en la misma canasta. Afortunadamente, algunas entidades nacionales han sido pioneras en la diversificación. El Banco Nacional, por ejemplo, permite ahora a los ahorrantes abrir cuentas de ahorro y depósito directamente en euros, y, otras, como Interbolsa, facilitan la inversión en títulos a plazo denominados y pagaderos también en euros. Pero hay todavía muchas entidades y personas, incluyendo el Banco Central y bancos comerciales, para quienes la única opción de ahorro son títulos en dólares, sin advertir que han incurrido en pérdidas (costo de oportunidad) si valoraran sus activos en euros. Están apostando –jugando, por así decir– a que el dólar se fortalecerá de nuevo. Y eso es incierto, por decir lo menos. Una revisión de esas políticas hacia la diversificación sería muy bienvenida, por la sanidad y robustecimiento del sistema financiero costarricense.
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