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Comentario del evangelio: Una mujer generosa


P. Mauricio Víquez Lizano.

Estamos ante un relato que los comentaristas llaman “de la mujer arrepentida” y que muestra matices diferentes según el evangelista que narra los hechos.

Lucas nos pone ante un aventurado fariseo que invita al Señor a compartir con él una comida y además, en su casa. Un gesto riesgoso si tomamos en cuenta la fuerte hostilidad de este grupo judío contra Jesús.

Estando en ese lugar aparece una mujer que el evangelista caracteriza como “pecadora” (v.37). Al llamarla así deducimos que era prostituta o bien, una mujer que había optado por casarse con un marginado, por ejemplo, con un publicano.

Acto seguido, aquella mujer aparece desbordada ante la presencia de Jesús. Unge sus pies, los humedece con sus lágrimas, los seca con sus cabellos. De inmediato empiezan los juicios de los testigos: ponen en duda hasta la condición de enviado de Dios que presumen de Jesús.

El Señor, como siempre, procediendo genialmente, muestra con hechos que las dudas de sus anfitriones son infundadas. Hace de profeta, pone al descubierto el pensamiento de sus detractores y, finalmente, después de narrar un breve relato, plantea ante sus críticos ideas fuertes y didácticas. Luego y de modo dramático, procede a un gesto provocador: perdona a la mujer que tiene al frente.

El “supongo” insolente y lleno de sarcasmo del fariseo, contrasta con lo que sigue en el relato. Aquel que invita –uno de los dramatis personae como se les llama– no fue capaz de ningún detalle propio de la cortesía oriental; aquella mujer, en cambio, que se sabe perdonada y estimada como persona por Jesús, mostró sus gratitud ampliamente.

La consecuencia del perdón es la paz. Uno de los temas que más frecuentemente aborda Lucas y que hoy parece ser un asunto decisivo también.

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