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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Las inundaciones recientes, con pérdidas materiales y casi de vidas humanas, es una parte del precio que pagaremos por la brutal agresión que se ha hecho al ambiente. Con solo esa urbanización a tontas y a locas que se desarrolla en el Valle Central, lo sucedido era inevitable. Como siempre, la más afectada es la gente pobre. La ecología es social. Usualmente, se ensayan explicaciones simples: “es que la municipalidad, por falta de plata, no ha podido construir el murito que se necesita”; o bien: “dos niñitas casi se mueren, porque cayeron en una alcantarilla que no tenía rejas”. Es muy cómodo para políticos, burócratas e inversionistas que se niegan a reconocer que el problema ambiental es decisivo para la seguridad ciudadana y el futuro del país. Les resulta muy útil disolver en detalles su responsabilidad por no haber formulado, o por haber impedido, la adopción de políticas ecológicas capaces de anticipar y evitar o mitigar estos problemas. Hay que hacer conciencia en la ciudadanía y denunciar esas explicaciones simplistas. Son falsas o, en el mejor de los casos, insatisfactorias e insuficientes. De hecho, es confundir el detonante –la depresión tropical, el muro, la reja de la alcantarilla– con la bomba: el desastroso manejo ambiental que, por décadas, se ha venido haciendo del suelo y los recursos, a vista y paciencia de las autoridades y los Gobiernos. Con una planificación territorial nula; con construcciones sin arte ni concierto; con una urbanización que especula con la urgencia de viviendas, arranca cafetales y cultivos y aplasta la tierra con cemento y varilla, sin importarle dejar a las aguas acumularse y correr, inundando carreteras y barriadas; concentrando y apilando la población en casas sobre casas; ahorrando costos y haciendo un uso irracional de las fuentes de agua, la energía y los servicios, se ha puesto al país en el camino del desastre. Preocupados del ladrillo, el cemento y la vidriera, se desforesta, se cambia el destino del suelo, se mezclan gasolineras con residenciales, escuelas con centros comerciales, grandes parqueos con villas miseria, viviendas con nightclubs . Solo importan las cuentas bancarias y el rédito de las inversiones. Algún día se tendrá que hablar del crimen horrendo cometido con las otrora inigualables montañas de Escazú. Es hora de hacer un alto en el camino y cambiar el rumbo, con energía, firmeza y claridad. El problema ecológico no es un tema de moda para jóvenes entusiastas. Es una cuestión vital para la calidad de vida de todos y para el futuro de la nación.
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