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Cansados y aburridos Roberto Sasso En Costa Rica sufrimos muchos infortunios, el menor de los cuales no es el “sabático” de ocho años al que se refirió Juan Enríquez el pasado 21 de mayo. Ese lapso en la ejecutividad del país nos ha traído muchas consecuencias, una de las cuales podría ser las constantes quejas de todo lo que no funciona, la cual es, desafortunadamente, forman una lis-ta muy larga. Quejarse, sin embargo, no conduce a nada. Juan Enríquez también se refirió a las muchas cosas buenas que tenemos, en las cuales deberíamos enfocarnos para sacar este país adelante. Pareciera que estamos desenfocados, nos ocupamos de pelearnos entre nosotros en lugar de buscar otros con quienes competir. La purísima verdad es que estamos cansados y aburridos, no tanto de lo mal que funcionan las cosas como del legado del famoso sabático. Sobre todo estamos cansado y aburridos de la excesiva hablada y la poca decisión. Ciertamente estamos cansados y aburridos del TLC. No solo estamos cansados de la interminable discusión, sino, y sobre todo ,estamos cansados y aburridos de que la discusión haya sido secuestrada por el sector no productivo. Creo que todos estamos claros que el sector no productivo es necesario, pero no creemos necesario que políticos y académicos con agendas ocultas tergiversen una discusión tan importante, que en el fondo es muy sencilla. Análisis de riesgos. La decisión del “sí” o el “no” al TLC es una sencilla decisión de análisis de riesgos. El sector productivo todos los días toma decisiones bajo incertidumbre, pero con una agenda clara y transparente. El pueblo costarricense no es ajeno al modelo probabilístico (compran lotería todos los domingos y algunos hasta nos aseguramos con el monopolio que no tiene tarifas reguladas). En todas las decisiones bajo incertidumbre existe una probabilidad de equivocarse. Obviamente, los que están a favor del TLC consideran que la probabilidad de equivocarse si se aprueba es menor que la probabilidad de equivocarse si se rechaza, y los que están en contra estiman que las probabilidades son al revés. Pero más importante que la probabilidad de equivocarse de cada opción es el costo en que incurrimos con dicha equivocación, ese costo se puede estimar como el costo de corregir la decisión errónea. Por ejemplo si la probabilidad de equivocarnos con el “sí” fuera un 60% y el costo de corregir (es decir el costo de salirse del TLC) fuera 100, y la probabilidad de equivocarnos con el “no” fuera solo un 20%, pero el costo de corregir (es decir el costo de entrar al TLC luego del plazo) fuera 1000, vemos que la decisión es clara y sencilla (multiplicamos la probabilidad por el costo y escogemos la menor, o sea, la menos riesgosa). Espero que el cansancio y el aburrimiento nos mueva a todos a votar en el referéndum, para de una vez por todas dar por terminado el sabático. Espero también que se discuta con mucho más cuidado y detenimiento el costo de equivocarnos en cada una de las decisiones, es decir, ¿qué pasaría si aprobamos el TLC y luego nos damos cuenta de que nos equivocamos?, y ¿qué pasaría si rechazamos el TLC y luego nos damos cuenta de que nos equivocamos? En cada uno de los casos, ¿cuál es el costo de rectificar? Obviamente, cuando no hay rectificación posible, el costo se estima infinito y, a menos que la probabilidad de equivocarse sea cero, la opción se rechaza. Yo, sinceramente, creo que han hecho aparecer la decisión mucho más complicada de lo que realmente es.
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