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Andrea Morales Díaz |
Congruente con mis principios
En la campaña prometimos el respeto a la mayoría y no bloquear el Parlamento
Diputada PAC
Mucho se ha dicho sobre las posiciones que he tenido en la Asamblea Legislativa en las últimas semanas. Lo cierto es que la mayoría de los comentarios que se han hecho han sido en ocasiones infundados, en algunos casos incorrectos y, en muchos otros, falsos. He decidido, entonces, hablar, algo que los políticos hacemos en exceso y caemos en una verborrea odiosa, pero lo novedoso de esta oportunidad es que voy a explicar mis verdaderos motivos. Es decir, algo así como una confesión, desde mi intimidad, la cual últimamente no es tan privada como yo quisiera.
El referendo del 7 de octubre. Para cumplir con esta tarea, me parece que debo empezar desde una fecha memorable: el 7 de octubre. Ese día, los ciudadanos costarricenses acudieron a las urnas para participar en el primer referendo de nuestra vida en democracia, hecho que, sin duda, tuvo al país en un debate nacional de calidad, comprobada por los distintos expositores que promulgaban su posición, unos a favor y otros en contra. Se tomó una decisión a través del voto. Para esta decisión se usó el mismo procedimiento por el cual esta servidora fue elegida, lo cual me obliga a respetar dicho proceso. Es decir, así como tengo una curul en el Congreso y la utilizo, así también debo respetar esta decisión, aunque efectivamente la adversé desde la campaña y dentro de la Asamblea cuando estuvo en discusión. En resumen, hay que aceptar el resultado que decidió el pueblo, y esto fue algo que dije que iba a hacer, incluso antes de conocer el resultado.
Algunos vivillos. Una vez reconocido el resultado, debemos entender que la aprobación del TLC implica la subsiguiente aprobación de leyes requeridas para que el Tratado entre a regir. De ahí que algunos vivillos piensan que, si se atrasa el proceso lo suficiente, no podría implementarse el TLC. Me da mucha pena que no se den cuenta de que eso es una burla tácita a la voluntad del pueblo, es algo así como decir: “Está bien que hayan decidido, pero, aun así, no vamos a permitir que se llegue a cumplir la voluntad expresada”. Eso es una burla que un partido demócrata como el nuestro no puede aceptar. Debemos permitir que se llegue a la votación.
Ahora, si bien hay que permitir que esa agenda de implementación se vote, no debe significar esto que sea un cheque en blanco para que el bloque de los 38 se ponga creativo. Significa, simplemente, que el TLC establece un marco de mínimos con los que debemos cumplir para satisfacer ese requisito formal, pero de ninguna manera debemos permitir que se exceda estos mínimos ni que se vaya más allá de lo que el pueblo permitió en el referendo. La tarea de impedir abusos en esas leyes es compleja y requiere espacios de diálogo, en los que se puedan sentar las diferentes fuerzas políticas y cumplir con el mandato popular sin engaños.
No es cierto que yo responda a presiones de otros partidos. Yo respondo a mi conciencia: cuando estuvimos en campaña, nosotros prometimos que no íbamos a bloquear el Parlamento. Más aún: en uno de los documentos que expone los principios de mi Partido, consignamos el respeto a las mayorías y que debíamos permitir que las mayorías se pronuncien. Yo estoy siendo consecuente con esos principios.
Cumplimiento del Ejecutivo. También aprovecho esta oportunidad para exigirle al Poder Ejecutivo el cumplimiento de sus promesas de campaña. Si es cierto que el Tratado nos va dar crecimiento económico, entonces debemos demandarle al señor Presidente que procure, por todos los medios, distribuir de manera justa el crecimiento económico. Se debe pensar en una legislación tributaria que permita que los que más tienen colaboren con los sectores más vulnerables de la sociedad. Se podría empezar por aprobar el proyecto de reforma constitucional para aumentar el porcentaje del PIB que se destina a educación, aprobar la reforma a Fodesaf para el combate a la pobreza, aprobar las reformas a la concesión de obra pública, de manera que se mejore nuestra infraestructura, aprobar el proyecto de banca para el desarrollo, reformar la Ley de Tránsito, entre otros, y así construir una Costa Rica desarrollada, inserta en el mercado mundial pero siempre inclusiva. Es posible llegar a este consenso y también creo que, para ello, no es necesario utilizar estrategias extremas. Esta lucha, que considero posible, necesita de humildad y no de buscar reconocimientos individuales.
El maniqueísmo. El país necesita avanzar partiendo de un principio: en política, el maniqueísmo hace mucho daño, nadie es dueño de la verdad absoluta, y no podemos pensar que todo lo que no venga del PAC es malo. Se trata de hacer un balance y decidir lo mejor, escuchar bien, analizar y retener lo positivo. Ese ha sido el norte de mis acciones y lo hago con absoluta honestidad y siguiendo los principios que juré defender.
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