Costa Rica, Miércoles 5 de marzo de 2008

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Gilberto E. Arce | gilberto.arce@mac.com

La impunidad como estrategia

Economista

La impunidad es uno de los peores males en una sociedad. Pero muchos piensan que respetar la impunidad es el camino políticamente fácil a seguir en la vida, ya que se evita entrar en conflicto con otros individuos que, a la postre, podrían, incluso, salvarle a uno la vida, argumentan.

Es decir, hacer la vista gorda ante cualquier crimen –diminuto o gigante– es lo mejor que le puede pasar a uno, la familia y demás seres queridos.

Con mucha preocupación he escuchado ese consejo en las últimas semanas por parte de varias personas ante la consulta de si denunciarían o no una situación anómala en sus posiciones de trabajo por parte de sus superiores o compañeros. Frases como “la autoridad no se cuestiona”; “mira, ¿qué vas a ganar con eso?”; “¡no te pelees!, deja que las cosas sigan su camino” o “esto podría truncar tú carrera y vos estás muy joven”; me han dejado estupefacto y muy preocupado.

Precio al alma. La recomendación, en resumen, es actuar “estratégicamente”. Así, una vez que la persona inmersa en irregularidades deja su cargo o se jubila, queda impune y todo sigue igual. Incluso, uno tendría la opción de cobrar el favor en el futuro, explicita o implícitamente. Esto es poner precio al alma. Algo sencillamente descabellado, debido a que se deja de lado los costos privados y sociales asociados a las acciones anómalas.

Incluso, dejando de lado –por un momento– mi formación católica, me asombra aún más que la mayo ría de estas personas tienen al menos un grado académico de maestría, son profesores en las mejores universidades en Estados Unidos o Costa Rica u ocupan altas posiciones en la burocracia pública o privada en el país. Además, son ávidos lectores, educados, de aguda inteligencia y entretenidos tertulianos.

Mando de minoría. Por tanto, si todos actuamos “estratégicamente”, en equilibrio nadie tendría que pagar en la tierra por sus faltas, así sean un robo, conducir ebrio, simular consultorías por unos denarios extras, talar madera ilegalmente o realizar una malpraxis. “Hoy por mí, mañana por ti” sería la máxima en esta sociedad. Como resultado, una minoría continuará gobernándonos, así sea un pequeño grupo de carteristas, traficantes de drogas, policías deshonestos, choferes borrachos, políticos corruptos, empresarios inescrupulosos, sindicalistas errantes o maestros irresponsables. El “port’a mí” como himno nacional.

Los que osan denunciar están sencillamente fuera de este mundo, principalmente cuando de delitos de cuello blanco se trata.

Dicen que “cuando el río suena, piedras trae”, pero, si nunca hemos nadado en ese río y desconocemos el tipo y tamaño de sus piedras, nos podría arrastrar la corriente y ahí no hay estrategia que sirva. ¿Será esta la Costa Rica que deseamos heredar a nuestros hijos?

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