Costa Rica, Miércoles 5 de marzo de 2008

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Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

El presidente Uribe, de Colombia, cometió, según algunos, un error táctico: no llamó por teléfono al presidente Correa, de Ecuador, el viernes pasado en la noche, para avisarlo de que, en el territorio ecuatoriano, en el suyo, estaba acampado un grueso contingente de las FARC.

Si hubiera procedido así, conforme a la amistad bolivariana, el presidente Correa habría llamado sin tardanza, por celular, a Raúl Reyes, el segundo después del gran jefe Marulanda –y no Maturana, como dijo un periodista– para ponerlo en autos de la cosa. Rául habría despertado a su mesnada de terroristas y, con los primeros rizos de la aurora, habría traspasado la frontera de Colombia, un trayecto que, al parecer, conocía de sobra, por ser este flanco ecuatoriano, umbroso y secreto, su refugio y patio trasero.

Y, si Uribe hubiera cuidado las formas, habría llamado también a Chávez y lo habría puesto al tanto de los acontecimientos. Carambola perfecta. Correa no hubiera hecho el ridículo ante propios y extraños, y Chávez no habría quedado, otra vez, ante el mundo como lo que es: un financiador de terroristas con dinero del pueblo venezolano. Se habría consumado así la paz entre Uribe y Chávez, y, quizás, algunos secuestrados se habrían liberado de sus grilletes y retornado a la civilización para regocijo universal, mientras la izquierda europea y gringa entonaba, transida de emoción, villancicos de paz y de amor. El lobo pastaría junto al cordero y el perrito faldero de Chávez, Daniel Ortega, movería su colita, loco de contento con su cargamento…

¡Ah, de cuánto tumulto nos hubiera liberado una simple llamada telefónica de Uribe! Ahora, los ejércitos de Ecuador y Venezuela corren, mas bien airosos, a la frontera (ya ¿pa´qué?); Chávez ordena, desde “Aló, pueblo”, su cátedra, al ministro de Defensa, adornado de medallas, que envíe los tanques y la caballería, mientras los cortesanos aplauden; Irán tasca el freno porque lo agarraron con las manos en la masa del uranio, la OEA se despierta, mientras el expresidente Rodríguez de Costa Rica bendice al cielo porque no le tocó esta torta; la ONU se conmueve y a Fidel Castro lo desnudan del buzo tricolor para encaramarle el traje verde oliva…

El presidente Uribe no llamó por teléfono. Sería hoy un prohombre en ciertos círculos. No subastó a su pueblo. Con su gesto y su gesta, le ha dado una lección al mundo atenazado por los poderes demoníacos de la droga y del terrorismo, que han desangrado a Colombia por 50 años. Les dio una lección a los Gobiernos peleles y cómplices. Y nos repitió la gran lección de la historia, la de otras naciones y la nuestra, en 1856: la paz y la libertad se defienden. Siempre.

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