EDITORIAL |
El Partido Liberación Nacional (PLN) y el Departamento de Comunicación de la Fracción Parlamentaria de este partido distribuyeron, anteayer, profusamente sendos comunicados, según expresan, en defensa del Gobierno.
Ignoramos si su intención ha sido introducir una nota de humor en la turbación y la perplejidad actuales o si, más bien, reflejan el pensamiento político y ético del partido y de la fracción legislativa. Si lo primero, han logrado su objetivo plenamente, lo que es de agradecer; si lo segundo, han mancillado las credenciales del partido y de la fracción, no por los agravios contra este periódico –parte del humor–, sino por la dolorosa confesión pública que formulan.
En cuanto a los agravios y las mentiras, sabemos discernir y no nos preocupan. Somos expertos pasivos en esta materia. No ha habido reportaje de La Nación contra grupos extremistas, contra la corrupción, el narcotráfico o las mafias, seguido de sus respectivos editoriales, que no concite contra nosotros campañas de este tipo y vituperios de este género. En esta oportunidad, se nos dice, en un alarde de tecnología, que no somos un periódico, sino “la imprenta de Llorente”. Para ciertos personajes y grupos del país, como los citados, nos consume el neoliberalismo. Ahora, para este partido y esta fracción mantenemos, al parecer, “un ligamen con los servicios secretos taiwaneses”. Un dechado de imaginación.
Dicen que esgrimimos “las viejas tácticas de la desinformación que siempre han caracterizado” a este periódico. Quedamos notificados de que para el PLN y para su fracción nuestros reportajes contra la mala gestión pública, contra la corrupción, contra la mafia, contra el narcotráfico, contra el cinismo, contra la inseguridad ciudadana y muchos otros males que nos agobian, representan para ellos actos de desinformación, con lo que, al parecer, están enviándoles un mensaje de aliento y esperanza a los autores de estos delitos, que, por cierto, nos han inundado de agravios y amenazas. Si La Nación “ha desinformado siempre”, no ha de disgustarles esta conclusión.
Nos acusan también de atentar “contra la estabilidad social y la institucionalidad que durante años La Nación ha dicho defender”. No solo lo hemos dicho. Lo hemos hecho, aun a riesgo de nuestra tranquilidad personal y familiar. Nuestros valores y los de estos detractores son, por lo visto, irreconciliables. Estamos convencidos de que la información independiente y cabal sobre los enemigos de la democracia y de la moral pública, así como contra el secretismo, según ha quedado demostrado por décadas, contribuyen a fortalecer la institucionalidad. Si, por ello, el PLN y la fracción legislativa nos deslegitiman, avanzamos, sin duda alguna, por caminos diferentes.
Lo anterior son episodios. La cuestión de fondo, sin embargo, es la concordancia del PLN y de la fracción en atacar a La Nación y en defender al Gobierno por el secreto de las negociaciones financieras con China. Lo que para nosotros es inaceptable, legal y moralmente, en un régimen democrático, por el principio de publicidad, para nuestros acusadores representa un valor digno de mérito. Transcribimos en lo conducente el siguiente párrafo: “El PLN lamenta que La Nación haya tergiversado y manipulado la información, pues, desde un principio, el Gobierno de la República Popular de China solicitó, de manera formal, que los alcances de la negociación con nuestro país se mantuvieran en secreto para salvaguardar sus intereses, pues los términos de la negociación establecieron condiciones muy beneficiosas”.
Si esta es la defensa del Gobierno, se han convertido, al parecer, en sus adversarios. No creemos que esta confesión pública –avalada por el jefe de fracción, Óscar Núñez– honre a los diputados y a los dirigentes del PLN, excepto que los haya cegado la incomprensión de lectura. Se trata, ni más ni menos, de la consagración del secretismo en las negociaciones entre dos Estados, es decir, de la negación del derecho a informar y a ser informado, ancla de la democracia y expresión de la dignidad y de la soberanía de una nación. Lo menos que pueden hacer ahora, por su honor personal y por el del PLN, es retractarse, aunque el propio presidente Arias haya afirmado que “el único pecado” es que China haya pedido un manejo secreto.
El pecado, por supuesto, no es de China, que se rige por otros criterios y, en tal caso, es coherente, sino del Gobierno de Costa Rica, y sus defensores, que no lo han sido. Sea esta una oportuna reflexión para pasado mañana, 15 de septiembre.
Y, ahora, una nota final. La convocatoria de la fracción del PLN, anteayer, a una conferencia de prensa fracasó. Luego, en los comunicados de esta y del propio PLN no figura firma alguna. Extraño proceder ante un asunto de tal envergadura. Han preferido la táctica de Fuenteovejuna al testimonio personal. Nos queda ahora la duda sobre la responsabilidad real de estos testigos y defensores históricos.
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