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¿Cómo escribe? La isla Muertos, de Nicoya, sugiere un libro de historias múltiples

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         libro de cuentos de Juan Murillo.    Tercer
libro de cuentos de Juan Murillo. Tercer ampliar

Juan Murillo (1971) ha publicado tres libros de cuentos; uno de ellos es La isla de los muertos (Germinal, 2012), cuya elaboración revela él en esta página. Murillo es coeditor de la antología de cuentos Historias de nunca acabar (ECR, 2009), es uno de los animadores de la Editorial Lanzallamas y publica el blog 100 Palabras por Minuto , que contiene recensiones y artículos sobre literatura.

–¿Cómo surgieron el tema o los temas de su libro: de un modo súbito o premeditado?

–En la punta de la península de Nicoya hay una isla muy cerca de la costa que los habitantes del pueblo utilizan como cementerio. La llaman “isla Muertos”. Alrededor de esa imagen lentamente fueron aglutinándose otras, como mis viajes de juventud a Montezuma; el mito de Perséfone; el cuadro Die Toteninsel [La isla de los muertos], de Arnold Böcklin; el poema Stoned Immaculate , de Jim Morrison, y otras cosas que me parecían secretamente relacionadas entre sí y con grupos de personas atrapadas por la devoción por un misterio que las aleja de la realidad.

–¿Qué continuidad y qué diferencia aporta ‘La isla de los muertos’ a sus obras anteriores?

–Es diferente en que emplea algunos anacronismos deliberados: utiliza un historia-marco –es una historia dentro de otra, y así muchas veces– y un estilo moroso que eran usuales en el siglo XIX.

–¿En qué se diferenciaría ese libro de sus obras posteriores?

–La novela que estoy trabajando ahora tiene un estilo convulso muy distinto de la narración relativamente diáfana de este libro. Creo que la literatura debe ser una exploración y que los temas deben dictar su propio estilo.

–¿Hubo influencias de otros autores en la creación de ‘La isla de los muertos’?

–La hay en todos los libros, y en mi caso tiende a ser muy directa porque lo que escribo pretende siempre ser un diálogo con cierta tradición. Hubo influencia de Joseph Conrad y Henry James en la estructura y el estilo, y de Jim Morrison y los mitos órficos griegos en el aspecto simbólico, y de Donald Barthelme en cuanto a sus ideas sobre la creación artística.

–¿Cómo se distribuyó el tiempo de redacción: diaria, eventual, a qué horas...?

–No soy un escritor metódico. Escribí este libro en sesiones espasmódicas, sin ningún tipo de sistema.

–¿Cómo evitó la distracción?

–La distracción es necesaria porque permite que, mientras hacemos otras cosas, las ideas, los temas y los símbolos se busquen entre sí en una especie de zona de penumbra a la que atendemos apenas periféricamente y que es el lugar en donde ocurre el arte.

–¿Piensa en algún lector cuando escribe?

–Toda narración tiene un lector implícito. Me parece que no resultará extraño si digo que, en mi caso, ese lector sería alguien muy parecido a mí, que entendería de lo que le estoy hablando con las historias que le cuento.

–¿Presenta los originales a amigos o consulta sus problemas de redacción con otras personas?

–Siempre he buscado a otros escritores para que me ayuden a identificar pasajes confusos o flojos, o para que me señalen construcciones verbales infelices; en fin, para que hagan de editores. Para este libro recibí la valiosa ayuda de Gustavo Adolfo Chaves.

–¿Qué le cuesta más crear: ambientes, personajes, diálogos...?

–Los diálogos siempre son difíciles porque es muy fácil hacer diálogos inanes, diálogos realistas que no son más que reproducciones de manierismos, o diálogos simplemente informativos al servicio de lo narrado, sin mencionar los diálogos ya propiamente malos, acartonados o estúpidos. El diálogo debería ser como un iceberg , que deja ver solo la punta de algo inmenso que se mueve bajo la superficie, como un poema.

–¿Qué cambiaría en el libro si debiera escribirlo otra vez?

–Nada. Llega un momento en el proceso de escritura en el que cualquier cambio que el autor introduce solo desmejora al libro.

–¿Le interesan las críticas, favorables o desfavorables, que suscitan sus libros?, ¿lo afectan? 

–Me interesan, claro está, pero es un interés puramente técnico. Las leo como si fueran críticas a la obra de alguien más, y por esto nunca me afectan emocionalmente. Preocuparse por la recepción de la obra propia es pactar con el diablo. Para el escritor, la literatura ocurre solo en el momento de la escritura; todo lo demás es externo a ella y, por lo tanto, debería ser irrelevante.

–¿En cuál libro trabaja ahora?

–En una novela en tres partes. El título es La costa luminosa. E s una especie de retrato generacional de fin de siglo.

–¿Cuáles libros ha publicado?

–Como autor, tres libros de cuentos: Algunos se hacían dioses , En contra de los aviones y La isla de los muertos .

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