El pincel del costarricense Leonel González Chavarría ya no retratará más la identidad caribeña ni volverá a plasmar la fuerza del color, pues el cuerpo del artista plástico, de 51 años, fue encontrado ayer en San Rafael de Heredia.
Este pintor se extravió el viernes 6 de diciembre cuando salió de su casa, en Concepción de San Rafael de Heredia, para hacer un recorrido, en bicicleta, por la montaña.
Ayer en la tarde, aún se desconocía cuándo sería el funeral; sin embargo, Eleida, esposa de González, dijo que el cuerpo del artista descansará en el cementerio de Barva de Heredia.
Arte en las venas. González Chavarría nació en Heredia, en 1962, en medio de una amplia familia de clase media.

Desde niño, él demostró su afinidad por el arte, el color, las formas y las texturas. Por tal razón, estudió en el Conservatorio de Castella, donde empezó a desarrollar su talento y habilidad.
Posteriormente, amplió sus estudios en el Instituto de Arte Suricov, en Rusia, lugar donde se consolidó como pintor.
De regreso a Costa Rica, González fue seducido por Puerto Viejo, Limón, y el mar, el color y el sabor y las tradiciones de esa zona se convirtieron desde entonces en su mayor musa.
Este pintor formó parte del grupo Bocaracá, que desde 1988 reúne a artistas plásticos que expresan en el arte costarricense la representatividad de las más importantes tendencias creativas.
Según relata la curadora e historiadora Ileana Alvarado, González fue un artista que en cada etapa exploró nuevas formas de comunicarse a través de la pintura.
“Innovó desde que inició, por ejemplo, con los paisajes en acuarela, con extraordinario colorido y vivacidad. Después le dio un papel fundamental a la representación de los negros y, especialmente de las negras, lo que dio un lenguaje nuevo en la captación de la población afrocaribeña”, afirma.
De luto. La noticia de la prematura partida de González estremeció el arte costarricense.
“González formó parte de una expresión abstracta, mirando hacia nuestra identidad, buscando una referencia muy nuestra. Fue un ícono en cuanto a la abstracción sintética que hacía en sus pinturas sobre la negritud”, recuerda el pintor Otto Apuy.

“Era un artista en plena madurez. Con su partida, las artes pierden una expresión muy auténtica de color nacional”, lamenta Apuy.
Con él coincide el artista plástico Manuel Zumbado, quien asegura que González estaba en el mejor momento de su carrera y que lo más rescatable de su obra es que no existe pintor que haya tenido tanta fuerza en el color como él, que recuperó la identidad de una región tan marginada como lo es el Caribe y que sus pinturas están cargadas de fuerza y contundencia.
“Éramos buenos amigos y puedo decir que la primera acuarela que hice, la hice al lado de él, gracias a eso, me abrí campo en el arte a la par de él. Tengo las dos pinturas que hicimos esa vez y siempre me gustó más la de él que la mía”, cuenta Zumbado.