
Cuando se menciona el nombre de Lynda Díaz, algunos pensarán en polémica, en curvas peligrosas o en la orgullosa madre de cuatro hijos. Pero aquella boricua que llegó hace 19 años al país para concursar en el extinto certamen Reina de la Costa está muy distante de la empresaria que es hoy. El pasado 3 de diciembre cumplió nueve meses de feliz matrimonio con el cirujano alajuelense Andrés Vargas, quien es cuatro años menor que ella. En la intimidad de su hogar, la pareja ahondó en detalles de cómo se tejió su romance, e incluso de cómo se ha blindado ante las críticas.
¿Cómo se han sentido en nueve meses de matrimonio?
(Lynda) Bien, yo creo que el primer año es de ajustes, de acostumbrarse a la otra persona. En mi caso ha consistido en moldear y esculpir, pero ahí vamos. El matrimonio no es fácil.
(Andrés) Ha sido bonito. La vida en pareja obviamente tiene sus cositas pero nos hemos acoplado bien. Hay mucho amor, que es lo más importante. Me llamó la atención, por ejemplo, un día que yo estaba haciendo un trabajo, ella muy pendiente me dijo: ‘Vení a acostarte’, aunque yo estaba a un metro de la cama. Son detalles bonitos.
¿Cómo empezaron su relación? ¿quién le coqueteó a quién?
(Lynda) Fui yo la que tomó la iniciativa –responde de inmediato–. Yo lo vi, yo lo quise y punto –cuenta entre risas–. Primero que nada, yo era paciente de él, lo conocí porque me atendía con él como doctor. Siempre fue muy profesional y todo, pero él sí me llamó mucho la atención.
”Planeamos una pequeña reunión en la casa de mi mejor amiga y Andrés llegó. Yo lo llamé, lo invité, y nada, le toqué la piernita así, con el zapato –repite la acción–. Tomé la iniciativa. En mi vida no se puede perder el tiempo, tengo mucho que hacer –dice riendo–.
¿De qué se ha enterado sobre su pareja que no sabía antes del matrimonio?
(Lynda) Desde que lo conocí hasta hoy he visto su crecimiento, profesionalmente, como hombre y como pareja. Ha ido mejorando un montón de cualidades. ¡Todavía me sorprende! Es chúcaro: a veces se me pone rebeldón.
”Aquí, las cosas son a mi manera, siempre soy muy clara. Entonces es cuando han habido pequeños roces pero es parte de la personalidad de ambos: somos de carácter fuerte.
”Somos mandones, yo estoy acostumbrada a ser el hombre de la casa. Entonces me cuesta mucho cuando él toma el mando ya que siempre he llevado las riendas. A veces también me digo: ‘Suave, esto no me corresponde a mí’.
(Andrés) Para mí a veces es un poco difícil porque vengo de trabajar todo el día en un lugar donde yo levanto una mano y tres personas corren, doy una orden y se cumple a mi disposición. Entonces es un poco difícil venir a la casa y toparte con que tal vez no estás de acuerdo con tu esposa en algo, y que te tal vez te dice que no tenés derecho a decir nada –se ríe–. Pero nos hemos ido adaptando.
”Yo vacilo con ella porque siempre digo la última palabra..., que es ‘¡Sí, mi amor!’ Y ahí se acaba la discusión”.
En el caso de Lynda es su tercer matrimonio. ¿Tuvo en algún momento miedo a fracasar en esta nueva unión?
El temor siempre está. Yo no programé casarme tres veces. Igual te digo, y no es porque Andrés esté aquí, si por alguna razón mi relación con él no funciona, ¡me vuelvo a casar otra vez! No puedo negarme al amor, yo creo en el amor y lucho porque las cosas salgan bien.
”Mi primer matrimonio fue desastroso, de él solo tengo recuerdos horribles. Mi segundo matrimonio fue maravilloso. Gary (Austin) es un buen hombre. Andrés es maravilloso también en su forma de ser.
Andrés, ¿usted tuvo miedo de que esta relación no funcionara?
Yo ya me había casado una vez cuando tenía 25 años. Duré muy poquito por mi inmadurez e inexperiencia. Después permanecí soltero un montón de tiempo y solía decir: ‘No me vuelvo a casar’, lo que decimos todos los hombres. Pero con Lynda sentí que era una persona diferente para mí. Sentí la conexión.
”Uno siempre tiene temor al fracaso. Uno no se casa con la idea de divorciarse pero, independientemente de que tomemos esa decisión o no, yo sabía que íbamos a estar juntos muchos años. Fui yo quien le propuso matrimonio”.
¿Cómo reaccionaron sus hijos ante su decisión de casarse?
(Lynda) El casarme fue una decisión que la tomé en parte yo, y el otro 50 por ciento la tomaron mis hijos (tres mujeres y un varón). Yo no creo en eso de vivir con mi novio y que mis hijos solo vean a un hombre que entra y sale, ¡no! Prefiero que vean que es mi esposo y que es parte de la familia. Lo aceptaron muy bien, mis cuatro hijos lo quieren mucho.
(Andrés) He convivido tanto tiempo con ellos que son como mis hijos. Quisimos rehacer una familia, que es lo importante. Yo les he dicho: ‘Es muy bueno para ustedes, tienen su papá, y su papá postizo’. ”Pasan mucho tiempo con él y conmigo. Ellos lo han tomado superbién, mantenemos un balance muy bonito.
¿Ustedes tendrán hijos?
Yo digo que es muy bonito; a mí me encantan los hijos. No digo que no, pero tampoco digo que sí. Es cansado, y mis hijos están grandes. Tengo una de 19 años, otra de 18 y los gemelos de 8. No lo sé... Estoy en una etapa en la que me encuentro disfrutando mucho de mis viajes, mi mundo, de todos mis enredos. Ya lo hemos conversado, pero no lo sé.
(Andrés) No le digo que no lo hemos discutido, estamos en eso.
Lynda, ¿es usted de quienes temen decir la edad?
Para mis 40 años, y lo digo feliz de la vida, estoy mucho mejor que un montón de modelos de 20 que he visto en la calle. En segundo lugar, a veces me sorprendo de lo que he logrado a mi edad. Estoy muy orgullosa de la persona que soy ahora, de la madurez que he adquirido en los últimos años no la cambio por nada.
”Vivo plena, he amado plenamente, soy feliz en mi mundo, en mis cosas. No siento la necesidad de ser más joven. A veces veo a gente conocida y me digo: “¿Cómo esta vieja tiene 25 años y está hecha... pistola?”
¿Tiene sus ventajas ser esposa de un cirujano?
Para mí es horrible ser esposa de un cirujano plástico. Yo no necesito que me haga nada gratis. Desearía que él dejara eso de inmediato. Hay que tener mucha paciencia y compresión. Él tiene que lidiar con mujeres bellas día y noche, entonces es un poquito incómodo. Cuando es mi espacio y mi tiempo con él no me gusta que lo llamen. Si está en la oficina que hagan lo que les de la gana, pero si sale de ahí y lo llaman... ¡me pudre!
¿Se haría algún arreglito?
Yo me he hecho varias cositas ya; pero sí, si me lo puedo hacer sí. El problema es que él nunca tiene espacio para mí. Me dice: ‘Nunca hay campo, saque cita’; y yo le digo: ‘¿Cómo, si yo soy la dueña de eso? Haga campo usted’.
¿Le molesta cuando en las reuniones sociales se comenta cuáles partes de su cuerpo están operadas?
A los 20, yo me ponía como una fiera y llamaba a los periodistas. Pasaba en eso, enferma de día y de noche. A estas alturas del partido no me importa. Siempre hablan, siempre van a hablar; entonces, ¿qué más da?
Hoy en día, ¿tienen enemigos?
Sí, siempre los hay y los mantengo cerquita. Tengo a esos más cerca que a los amigos.
¿Cómo es la relación con Gary Austin (exesposo de Lynda)?
(Lynda) Muy buena, es parte de nuestra familia, y Andrés lo ha entendido muy bien. Él pasa aquí, cuido de él en lo que yo pueda, y hemos compartido almuerzos. Andrés llega a casa y él suele estar aquí. Hemos ido de vacaciones juntos y compartimos mucho. Gary es un hombre muy maduro, no es cualquiera el que puede manejar algo así. Al principio me daba un poquito de miedo, pero la verdad es que ellos se las arreglen como puedan –se ríe–. Hace poco fui invitada por él a un juego de Miami Heat y me presentó a la novia, a ver qué me parecía.
(Andrés) Hay mucha confianza, nos llevamos superbién.
En el 2003, Lynda dijo en entrevista a ‘Perfil’ que con el poder económico se puede hacer cualquier cosa. ¿Hoy mantiene esa opinión?
Sigo pensando igual. El tener dinero te brinda un montón de posibilidades, se te abren muchísimas puertas. Lamentablemente, el mundo es tan materialista... A veces la gente solo te habla porque tienes algo y no porque de verdad le interese tu amistad.
“Cuando alguien se me acerca no sé si quiere algo de mí o es algo sincero. El dinero todo lo puede: podés comprar una casa, un carro, incluso amistades si te da la gana. Uno le pierde el respeto al dinero, pero sí, siento que todo lo puede, menos comprar la salud”.
¿En el futuro se ve como abuela?
(Andrés se ríe a carcajadas y responde Lynda) Me veo como una abuela bien chineadora; así, histérica, y preferiría ser abuela joven a ser una abuela vieja. Con una edad más avanzada no tendré paciencia.
¿Qué han aprendido ambos de los golpes que les ha dado la vida?
(Lynda) Todo viene con la madurez . Los golpes te van enseñando a tener los ojos bien abiertos. Soy muy desconfiada con todo el mundo. (Cuando desconfío de él) a veces Andrés me reclama: “¡Pero soy tu esposo!” Sin embargo es una cosa en general, ya es algo mío, algo así como una estrategia de sobrevivencia. Uno comete muchos errores. Mi lengua ha sido una cosa catastrófica, me ha castigado por muchos años, pero también me trajo un montón de cosas buenas.
(Andrés) Lo que me ha traído esta relación es que muchos colegas médicos me ven con recelo. Me va muy bien en lo profesional y siento mucha aspereza en ese sentido. Hablan mucho, y no sé cómo tienen tiempo de hacerlo si en este trabajo se pasa muy ocupado. Siento que hay mucha envidia. Los mismos pacientes son quienes me cuentan que algunos colegas hablan mal de mí.
¿Cómo se visualizan ustedes dentro de unos cinco años?
(Lynda) Ahora me dedico a la construcción y a la venta de casas. Me va muy bien y llevo ratito en eso. El proyecto de los vestidos de baño (su nuevo negocio) consiste en comenzar muy fuerte en Miami y Los Ángeles. Quiero abrir locales allá el año próximo. Hay una opción muy buena pero nada en concreto. Necesitaría de mucha ayuda, por eso quisiera que Andrés se desocupara más.
(Andrés) Mi profesión es muy linda pero también es estresante. Hay mucho sacrificio, muchas horas de trabajo extra, y pienso que no lo voy a hacer toda la vida. De aquí a unos años pienso retirarme y dedicarme a los negocios y a mi esposa. Estamos viendo cómo pintan los negocios en otros campos. Tengo diez años en medicina, y tal vez termine (de ejercer) en otros cinco o diez años.