Música

La flor que no se marchita

Han pasado 20 años desde que una bala en la espalda terminó con la vida de Selena. ¿Qué significó su pérdida para la música y la cultura latina?

Selena (Gabriela Ledezma)

A marzo del 95 le quedaban solo 12 horas cuando Yolanda Saldívar jaló el gatillo de un revólver nuevo.

Días antes, Saldívar había visitado la armería A Place to Shoot –Un lugar donde disparar– y adquirió un arma de calibre 38; dijo que la necesitaba para protegerse. Dos días más tarde, la mujer devolvió el arma a la tienda y, una semana después, la compró de nuevo.

La relación de Saldívar con aquel revólver fue un camino de altos y bajos que culminó el 31 de marzo de 1995 cuando, a las 11:47 a. m., Saldívar jaló el gatillo y vació el contenido del arma en la espalda de Selena Quintanilla, la mayor estrella en la historia de la música norteña.

120 segundos después de recibir el disparo de Saldívar, Selena –de apenas 23 años– se arrastró hasta el vestíbulo del motel Days Inn –en la localidad de Corpus Christi, en el sur de Texas–, donde había quedado de reunirse con su eventual asesina. 77 minutos más tarde, fue pronunciada muerta. Y apenas 24 horas más tarde, ya era el mayor símbolo de la cultura latinoamericana en Estados Unidos.

Con tanto amor. Las horas y días que siguieron al fallecimiento de la diva suprema del tex-mex fueron caóticos y dramáticos por igual.

Hubo vigilias públicas y movilizaciones masivas hacia el hogar de los Quintanilla. Un tropel de artistas consolidados lamentaron la tragedia en público. Decenas de miles de fanáticos asistieron a los actos protocolarios, durante los cuales se exhibió públicamente el ataúd de la estrella. Su funeral tuvo 600 invitados.

La revista People realizó una edición especial dedicada a Selena que, a la postre, sería la semilla que daría pie a People en español . El New York Times dedicó su portada de dos ediciones seguidas a la noticia. Dos semanas después del asesinato, George W. Bush –entonces gobernador de Texas y, años más tarde, presidente de Estados Unidos– declaró el 16 de abril (fecha del cumpleaños de la artista) como el Día de Selena en el estado sureño.

De acuerdo con datos de la agencia de noticias AP , durante los meses siguientes hubo un incremento en la cantidad de bebés nacidos en Texas a quienes se les otorgó el nombre de Selena.

Las ventas de sus discos, por supuesto, también fueron parte trascendental del sunami de la Selenamanía como respuesta a la desgracia. Selena fue la primera artista en colocar cinco discos de forma simultánea en la lista de los 200 más vendidos de Billboard. Dreaming of you , su primer álbum póstumo, debutó en el primer lugar de esa misma lista, algo que ningún artista latino había logrado.

Los números se multiplicaron como nunca lo habían hecho por nadie hasta entonces; dos décadas más tarde, las ventas de Selena siguen siendo arrolladoras.

Estaba claro que lo de Selena distaba de ser una mera muerte famosa cualquiera. El poder de convocatoria cultural y social que su nombre y del mito que se construyó a su alrededor desde el momento en que una bala rompió su espalda, elevaron a Selena a esferas a las que muy pocos artistas tienen acceso.

Selena dejó de ser música y se convirtió en religión, en lengua, en cultura, en ícono.

¡‘Hello, there’! “Su muerte sirvió como una llamada de atención a las grandes masas de que los latinos se estaban volviendo más visibles, más importantes”, asegura la autora Deborah Paredez en su libro Selenidad: Selena, latinos y el papel de la memoria . “Selena incentivó el crecimiento del mercado hispano en Estados Unidos. Nuestra cultura se convirtió en el juguete de moda”.

Las declaraciones que hace Paredez en su libro no son exage radas. Lo que Selena había conseguido en su carrera había sido importante, pero su muerte hizo más por su carrera –y por la comunidad latina– de lo que nadie hubiera imaginado hasta entonces.

No que su carrera fuera desdeñable. El título extraoficial de mexican Madonna que los medios le concedieron no llegó de gratis, sino como consecuencia de una carrera jugosa y llena de éxitos.

Selena nació en Texas. Su carrera inició a una edad muy temprana, como consecuencia de una seguidilla de situaciones: la primera fue que su padre, Abraham Quintanilla, descubrió su talento musical cuando su hija apenas tenía 6 años; la segunda, que la crisis económica obligó a los Quintanilla a buscar sustento de la forma que fuera posible y esa resultó ser la música.

Quintanilla se convirtió en el representante de Selena y su banda acompañante, Los Dinos. A finales de la década de los 80, los años se sucedieron cada uno más rápido que el otro: pronto comenzó a andar a pasos agigantados, y los Quintanilla pasaron de presentarse a cambio de comida a firmar contratos con la disquera EMI y con Coca Cola.

Cuanto mayor era la atención que generaba Selena, mayor era la atención que Estados Unidos daba, de una vez por todas, a sus habitantes de origen latino.

La trágica muerte de la cantante tomó todo lo que había hecho hasta entonces y lo elevó a la millonésima potencia. Selena se convirtió en la personificación –injustamente terminada antes de tiempo– del sueño americano, una figura apetecible tanto para latinos como estadounidenses.

“Cuando ella murió, no existía Kalúa ni se había popularizado la música norteña en Costa Rica”, recuerda la cantante Elena Umaña.

Umaña fue, durante muchos años, la principal embajadora de la música tex-mex en nuestro país. Incluso, fue conocida, en su momento, como la Selena tica. “Me costó mucho dejar atrás el apodo, pero no dejo de agradecer las puertas y los caminos que ella abrió, no solo en Estados Unidos y en México, sino aquí”.

La eterna. La historia y el azar han sido ingratos con Selena.

En Google es más fácil encontrar resultados relacionados con su historia y su legado cuando se busca el nombre de su asesina que el suyo: hasta el buscador web más inteligente del mundo parece creer que la única Selena que importa es la posadolescente de apellido Gómez, exnovia de Justin Bieber e icono adolescente alrededor del orbe.

Sin embargo, aunque la locura por Selena ha disminuido, su legado está más vivo que nunca. Como menciona Paredez en su libro, “la comunidad latina no ha tenido más iconos con tal impacto, por eso la gente la sigue conmemorando”.

El 31 de marzo de 1995, la cultura latinoamericana vivió un día negro y sufrió una pérdida sensible, irremplazable. Pero, al mismo tiempo, vio cómo se le abrían más puertas que nunca. Con la fuerza de una flor –con tanto amor–, tanto en vida como en muerte, a ritmo de tex-mex , Selena derribó fronteras y trazó caminos.

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