Desde que el físico y astronauta Franklin Chang Díaz empezó a trabajar en su motor de plasma, a finales de la década de los años 70, su objetivo ha estado claro: será un vehículo que por su ahorro en energía y rapidez podrá llevar al ser humano a Marte.
Ese sueño sigue latente y los planes es que el motor, cerca del año 2025, lleve una tripulación humana al planeta vecino.
No obstante, en solo unos dos o tres años el motor ya tendrá aplicaciones en las órbitas en torno al planeta Tierra.
Parece que esos usos serán un buen negocio para la compañía Ad Astra Rocket, una empresa fundada en Houston, Texas, por el astronauta para desarrollar el motor, y que desde julio de este año cuenta con una subsidiaria en Liberia, Guanacaste.
“Es un negocio que se está cayendo”, confiesa Rónald Chang, hermano del astronauta y director ejecutivo de la empresa en Costa Rica. De lo que habla este ingeniero es de la labor de mantener la Estación Espacial Internacional (ISS) en órbita.
La base científica, ubicada a 500 kilómetros sobre la Tierra, tiene un pequeño problema.
Su proximidad con la atmósfera terrestre hace que, cada cierto tiempo, la estación pierda velocidad y caiga un poco de su órbita.
Para evitar que eso suceda, la NASA, la Agencia Espacial Europea y demás socios en el proyecto llevan cohetes químicos al espacio que, con su potencia logran acelerar la estación y elevarla a su órbita.
Cada año se requieren 7.000 kilogramos de combustible químico para llevar a cabo esa función. Transportar un kilogramo de cualquier cosa al espacio tiene un costo de $20.000. Eso quiere decir que mantener la ISS en órbita cuesta $140 millones al año.
Opción económica. Con el motor de plasma, el escenario es totalmente distinto. A diferencia de un cohete químico, que requiere combustible para ser encendido, el motor de plasma es eléctrico, obtiene su energía del Sol, por lo cual ya no será necesario cargar con el combustible hasta el espacio.
Lo único que hay que transportar es el gas que se transformará en plasma, con la ayuda de la energía eléctrica.
De acuerdo con los cálculos de Chang, se requerirán 120 kilogramos de gas argón para mantener la estación en órbita durante un año. Eso tiene un costo operativo de solo $2,4 millones.
Y, a diferencia del método actual, que consiste en encender cohetes químicos cada tres meses, con el motor de plasma la idea es adjuntarlo a la Estación Espacial Internacional y que funcione, constantemente, durante los 45 minutos que la ISS está expuesta a la luz del Sol. (La estación le da la vuelta a la Tierra cada 90 minutos, 45 minutos de ellos tiene luz solar, los restantes 45 minutos es de noche en la estación).
Otra aplicación futura del motor será lo que ha sido bautizado por Franklin Chang como “grúas espaciales”.
En este caso se trata de vehículos capaces de sacar de órbita satélites y basura espacial, o que ofrezcan servicio de “mantenimiento” a satélites que se encuentran en las órbitas terrestres.
Lo que falta. Sin embargo, antes de realizar todos estos servicios en las cercanías de la Tierra, el equipo en Houston y en Liberia de Ad Astra Rocket deberá perfeccionar el motor. Según los planes de Franklin Chang, a finales del 2007 un prototipo del motor, con un poder de 200 kilovatios, estará listo y será probado en la Tierra.
Luego, si todo sale bien, el motor se probará en la Estación Espacial Internacional en el 2010.