¿Para qué sirve el arte? Si la pregunta fuera ¿para qué sirve una máquina de coser? No habría mucho problema en contestarla, porque todos conocen la utilidad de una máquina de coser. En este caso, lo que cuesta es, no solo explicar la utilidad del arte, sino también ensayar una definición de este. Si nos preguntamos ¿qué es el arte? hay infinidad de respuestas y, sin embargo, ninguna nos satisface del todo. Tal vez se debería cambiar el enfoque y no indagar más sobre qué es el arte sino preguntarnos ¿cuándo es arte?
En el mundo griego, el arte y la ciencia se confundían en un mismo ámbito hasta que, luego, se empezaron a diferenciar sus funciones. Dice Jorge Wagensberg en su libro Ideas sobre la complejidad del mundo , que nadie duda del progreso de la ciencia y, a continuación se pregunta si progresa el arte. Para darnos una pista sobre sus diferencias afirma que la ciencia no se preocupa por transmitir emociones. O sea que el arte es el ámbito de las emociones.
Complicidad entre las partes. ¿Qué mueve a una persona a formar parte de un coro? ¿Qué motiva a la gente a ir a escuchar a ese coro? El primero como transmisor, los otros como receptores, todos ellos participan de un mismo espectáculo donde se comunican por medio de las emociones que comparten. En la obra de arte debe haber complicidad entre las partes, igual que en el amor.
A la pregunta ¿cuándo es arte? Se puede responder que es cuando la situación nos deleita, emociona y nos produce una inquietud. Pensando así, nos encontramos que el arte no se circunscribe a las obras de los artistas sino que está en muchos de nuestros actos cotidianos. Cuando conocemos a alguien, esa persona nos provoca una sensación de rechazo o atracción. En el caso del enamoramiento hay variables de tipo sensorial, afectivo, musical, estético, lingüístico y muchas más que provoca una empatía que ayuda a que las partes se atraigan. El contenido emocional de ese vínculo bien podría relacionarse con el arte, en lo que tiene de exaltación y complejidad. Los enamorados, al estar juntos, se transforman al unísono en sujeto y objeto de su propia obra artística que los induce a vivir una relación emotiva. Difícilmente alguien se pregunte: ¿para qué sirve el amor?
El valor estético. Ahora nos toca diferenciar el arte de la estética. Hay mucha confusión al respecto dado que, si bien la estética tiene que ver con lo “bello”, no necesariamente esto se refiere al arte. Podemos razonar lo estético desde lo conceptual mientras que lo artístico se resiste al análisis de las sensaciones que provoca. El placer estético no es lo mismo que el placer artístico y esta diferencia nos mueve a preguntarnos ahora: ¿para qué sirve la estética? En este caso, la respuesta es contundente: para gustar.
Este concepto explota, hoy día, la tendencia consumista de la población que se ve atraída por productos que resaltan por su presentación formal. Los “artistas”, llamados ahora creativos, tratan de emocionar al comprador mostrándole productos donde el empaque se destaca sobre el contenido. El consumidor disfruta la textura del envase, los colores de la presentación o la fotografía convincente de la modelo, y compra la de mejor apariencia. El poder de la atracción se basa en el efecto estético, ya sea en la moda, computadoras, teléfonos, carros, arquitectura, gastronomía, mobiliario y cientos de objetos más.
Incentivo. La estética ha sido puesta al servicio de la utilidad del productor y para eso sirve. O de eso se sirve. Sirve para vender, explorando las emociones del comprador. El lado bueno de la estética es que sensibiliza nuestros gustos y el aprecio por el buen diseño y, sin ánimo utilitario, podría servir de incentivo para mejorar nuestras ciudades, nuestras carreteras, nuestras playas, nuestra educación y nuestra manera de comportarnos, hasta convertirse en el arte de vivir.