Si usted dedica más de 30 horas de su ocio semanal a navegar por Internet, siente el impulso de conectarse no más entrar en su casa, descuida sus relaciones personales, pierde horas de sueño, no puede controlar el tiempo que pasa en línea o sufre ansiedad cuando apaga la computadora podría ser catalogado como ciberadicto.
Tan enfermo, psiquiatricamente, como si estuviera “enganchado” a alguna sustancia. Aunque su cuerpo se resienta menos que el de los narcoadictos valdría la pena que pensara en modificar su rutina, contactar algún grupo terapéutico o, incluso iniciar tratamiento con un especialista.
Esa es la recomendación de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dispuesta a incluir el mal cibernético en la próxima revisión del Manual de Diagnóstico de Desórdenes Mentales que se realizará este año.
Un estudio, hecho por la doctora Kimberly Young de la Universidad norteamericana de Pittsburg, pionera en la descripción de la dependencia a Internet, reveló que el 8,8 por ciento de los internautas sufre los síntomas de un uso problemático y abusivo.
Las cifras coinciden con las de presentadas por un equipo psiquiátrico español que, tras una amplia investigación, concluyó que el 30 por ciento de los usuarios son proclives a desarrollar una compulsión virtual.
“Estos porcentajes no son fácilmente extrapolables a Costa Rica”, dice el psiquiatra Walter Herrera Amighetti , “'pues aquí la penetración de Internet es menor. Nos faltan casos concretos en las consultas para que se pueda definir la verdadera dimensión de esta dependencia”, explicó el médico que, en los últimos años, tuvo pacientes con esa patología que, desde su punto de vista y más allá de lo que opinen los detractores, sí que existe.
"Internet es totalmente adictiva. Traté a personas que se pasaban no menos de 10 horas diarias navegando. Constituían claramente casos de adicción. No soportaban no estar conectados y cuando no lo estaban mostraban los síntomas de abstinencia: sudoración en las manos, palpitaciones, irritabilidad y cero tolerancia a la frustración", recordó el psiquiatra.
Chats, correo y juegos. La patología excluye a quienes por motivos de trabajo están conectados todo el día. El perfil se refiere sobre todo a las personas que se quedan pegadas a la búsqueda rápida de información, al correo electrónico, a los blogs y, fundamentalmente al chat, el servicio más adictivo junto a los juegos interactivos.
“Nada es negativo en sí”, dice la psicoanalista costarricense Melania Agüero: “'la cuestión, como en todo, es el uso indiscriminado que se hace de ello”.
Así, los chats o los correos electrónicos sirven para edificar amistades a distancia, tontear con una chica o chico, o hacer el amor virtual jugando con las palabras. De algunos de esos encuentros cibernéticos surgen vínculos reales pero, la posibilidad de conectarse con otros sin el compromiso de la voz o el cara a cara más la posibilidad de, ampararse en el anonimato y adoptar otra personalidad convierte al ciberespacio en peligroso.
“Mucha gente cuenta en chats intimidades que no le revelaría a nadie”, aseguró Agüero para quien es imprescindible diferenciar los adictos en la Red de los adictos a Internet: “Hay compradores compulsivos, ludópatas y personas con una sexualidad retorcida que han hallado en la Red un camino para calmar sus ansias”, explicó.
En lo que coinciden psiquiatras y psicoanalistas costarricenses y extranjeros es en que el abuso a Internet aumenta el sedentarismo, dilapida las relaciones familiares, afecta a las laborales y provoca fracasos académicos.