Salud

Inteligencia artificial puede ser aliada para mejorar salud visual y cardiovascular

Examen de fondo de ojo puede hacerse a través de computadora y algoritmos sin dilatar de pupilas, también es posible detectar alteraciones en vasos sanguíneos o mutaciones cancerosas

¿Alguna vez se ha hecho un examen de fondo de ojo? Si es así, probablemente lo recordará como algo incómodo, donde tenían que dilatarle la pupila, luego pasar un buen rato en un cuarto oscuro para, poco a poco, ir acostumbrando la vista a la luz. Ahora, la inteligencia artificial (IA) ofrece una forma de que sea más simple.

El primer paso es poner al paciente ante un equipo que toma fotos del fondo de ojo en alta definición, esas imágenes luego son analizadas por IA. Para ello no es necesario dilatar la pupila. Una vez que se tienen estas imágenes se usa un programa específico.

“Una empresa creó un software y se alió con oftalmólogos especialistas en retina (o retinólogos). Tomaron 80.000 imágenes de fondo de ojo para que el mismo software pueda detectar, con una sensibilidad del 96%, cualquier anomalía del fondo de ojo. Para eso ‘aprende’ de estas 80.000 imágenes y da sus conclusiones”, manifestó el optometrista Esteban Sing Zeledón, quien trabaja con esta tecnología.

Luego de esta comparación, el resultado se obtiene en unos ocho minutos, y la persona sabrá si tiene alteraciones en sus vasos sanguíneos que podrían afectar la vista en el futuro.

¿Cómo puede la inteligencia artificial ayudar en la salud visual?
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¿Cómo puede la inteligencia artificial ayudar en la salud visual?

El especialista agregó que esta tecnología puede ayudar especialmente a las personas con hipertensión o diabetes. Según explicó, la retina está nutrida por vasos sanguíneos, y la diabetes y la hipertensión producen alteración en estos vasos: se obstruyen, pierden permeabilidad, se rompen, se llenan de agua, entre otros problemas.

Por ejemplo, facilita la detección de signos de retinopatía diabética, una complicación común en las personas con diabetes y que deteriora los vasos sanguíneos del ojo. Si esto no se detecta a tiempo y no se atiende como es debido, la persona podría llegar a tener graves problemas de la vista e incluso perder la visión.

Si el resultado es normal, la persona debería volver a realizarse este examen en un año; este tiene un costo entre ¢30.000 y ¢35.000. Si hay alteraciones se referirá a un oftalmólogo con especialidad en retinología.

“Eso sí, la inteligencia artificial no sustituye al oftalmólogo. Jamás. Lo que hace es dar una idea y detectar algo de forma más temprana, pero si se ve algo también es un oftalmólogo quien tiene la última palabra”, advirtió Sing.

El equipo para este examen de fondo de ojo consiste en una cámara de alta definición que luego compara las imágenes con un 'software' de inteligencia artificial para dar un resultado. (Alonso Tenorio)

Este mismo sistema de inteligencia artificial, con un software diferente, podría ayudar a detectar si una persona tiene problemas cardíacos. ¿Cómo es esto posible? Sing expresó que los vasos del ojo, que son de los más pequeños que tiene el cuerpo humano, podrían ser los primeros en mostrar problemas cuando algo anda mal en la salud cardiovascular, pero al ser tan pequeños, no habría síntomas.

“Si hay daños o lesiones en los vasitos del ojo por hipertensión o diabetes, otros órganos podrían estarse viendo afectados, pero todavía no nos hemos percatado. Esto podría llevar a recomendaciones para mayores revisiones médicas y cambio de estilos de vida”, precisó el optometrista.

Así se observan los vasos capilares del fondo de ojo con estas fotografías de alta definición. Una vez tomadas se comparan con las que están en la base de la inteligencia artificial. (Alonso Tenorio)

Otras técnicas de inteligencia artificial ayudan al tratamiento de diferentes padecimientos. Un posibilidad que ya se da en Costa Rica es con enfermedades reumáticas, donde aplicaciones de IA se usan en el diagnóstico y diferenciación de cuatro padecimientos: artritis reumatoide, osteoartritis, lupus eritematoso sistémico y espondiloartritis con afectación periférica. Estas enfermedades tienen síntomas en común, pero también similitudes, por ello, se recurre a algoritmos de IA.

Asimismo, en Estados Unidos hay oncólogos que utilizan procesos de IA para determinar posibles mutaciones en un cáncer y con base en esa información recetar un mejor tratamiento.

Otras formas de uso que están en desarrollo y podrían salir a la luz pronto están relacionadas con el alzhéimer. Se están desarrollando softwares que escanean los patrones del habla y el vocabulario para detectar los primeros signos de este mal neurodegenerativo.

Gracias a la IA, se puede determinar si hay cambios sutiles en el habla y el comportamiento. Este proceso es más rápido y confiable que las observaciones humanas.

Además, el algoritmo puede estudiar detenidamente las conversaciones del paciente y analizar la variedad de las palabras que las personas están usando para evaluar su estado cognitivo.

En la genética, hay compañías que se dedican exclusivamente a aportes de la IA para el estudio de los genes. Un ejemplo es la compañía estadounidense FDNA, que creó un sistema de reconocimiento facial integrado en una base de datos que contiene más de 8.000 trastornos genéticos y enfermedades raras.

Con una tecnología de fenotipado de próxima generación (NGP) de FDNA, se puede secuenciar y analizar genomas con el fin de acelerar el diagnóstico. Además, reduce y evita el riesgo de dar diagnósticos erróneos.

La compañía también ha creado una aplicación llamada Face2Gene que permite el intercambio de los datos de esta herramienta entre centros médicos de 130 países.

Eventualmente, la IA podría ser aliada para nuevas generaciones de medicamentos y vacunas.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista de Ciencia y Salud. Trabaja en La Nación desde 2009 y en periodismo desde 2004. Graduada de Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica, donde egresó de la maestría en Salud Pública. Premio Nacional de Periodismo Científico 2013-2014. Premio Health Systems Global 2018. Becada del Fondo Global de Periodismo en Salud 2021.

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