La oportunidad es ahora
La oportunidad de entrar en un tratado de libre comercio con EE.UU. es ahora y quién sabe después. Hoy es importante, sobre todo para las economías pequeñas, pertenecer a uno de los grandes bloques comerciales. El aislamiento no solo es peligroso, sino potencialmente catastrófico. Solo hay tres bloques reales, uno en oriente, uno en Europa y el que forman Estados Unidos, México y Canadá. Por nuestra relación histórica, comercial y cultural con Estados Unidos, es el siguiente paso natural.
Costa Rica está lista. Este es un país increíble. Tenemos desde científicos y astronautas en la NASA, hasta grupos musicales ganadores de premios Grammy. Tenemos desde líderes globales en temas del futuro, como don Óscar Arias y el desarme, hasta el liderazgo en comercio internacional en América Latina. Somos líderes muy por encima de nuestra escala en temas ambientales. Nuestra población es muy educada en términos absolutos y ha demostrado una adaptabilidad enorme a los retos de la nueva economía. Costa Rica ha sido históricamente exitosa y en los últimos 20 años, a pesar de las dificultades de América Latina, se ha creado una estructura económica robusta por su diversificación, modernidad e integralidad. Hay empresas de todas las escalas que son exitosas en los mercados internacionales. En términos de la negociación, nuestro equipo es de lujo en lo conceptual y en la práctica; ya tiene varios tratados de experiencia, incluyendo los de México y Canadá.
Si bien los países del resto de Centro América son diferentes, pero por las mismas razones no se pueden aislar del comercio e integración vía TLCs. Las industrias que utilizarán para impulsar su crecimiento y el aprovechamiento del tratado son diferentes a las de Costa Rica, pero igualmente competitivas si se hacen las cosas bien. En realidad tenemos economías complementarias y eso favorece a todos.
Desde luego que hay perdedores, pero son una minoría. La plataforma de libre comercio ofrece enormes oportunidades de nuevos mercados, nichos, nuevas fuentes de abastecimiento, tecnología, conocimientos y capital.
Ofrece además una transición administrada que debe usarse para transformar los sectores poco productivos. El sector agrícola del país es de exportadores de nuevos productos y de muy alta competitividad. Los sectores en riesgo representan un porcentaje pequeño de la población y de la producción y deben ser atendidos prioritariamente durante el período de transición para aumentar su productividad y para transferirles los recursos, conocimientos y tecnologías necesarios para su subsistencia primero y competitividad después. La pobreza y relativa improductividad de esos sectores no es por los TLCs, sino por un desarrollo histórico mal enfocado.
Dentro de la agenda pendiente, en primer lugar se debe mentalizar a todo el sector privado, lo que implica cambiar actitudes en organizaciones sectoriales y de las empresas. Hay que crear mecanismos e invertir en aumentos de la productividad que nos garanticen subir los salarios reales según los parámetros de oportunidad que brinda el TLC.
Falta aumentar los recursos institucionales, fortalecer a CINDE y la institucionalidad relacionada con las inversiones para generar todo el empleo e inversión posible.
Y falta planear una política social de largo plazo que garantice la construcción de puentes entre los grandes beneficios que traerá el TLC y las poblaciones más pobres y marginadas del país. Esta es una realidad nacional, pero con unos años de dinámica económica, atracción de inversiones y una política fiscal adecuada, tendremos más recursos que nunca antes para combatir la pobreza. Esta es, en el fondo, la razón más importante para entrar en el TLC. Se generará la riqueza que falta para atender a nuestras poblaciones más vulnerables.
El mayor peligro es quedarse por fuera de uno de los bloques económicos que dominarán el comercio mundial en este siglo.