El herpes es, en muchos casos, una infección de transmisión sexual (ITS) –y de las más comunes–, pero no siempre es así.
Justo la creencia de que sea exclusivamente una ITS es uno de los mayores mitos de este virus. Por ejemplo, en el herpes oral o labial, los brotes o “vejiguitas” alrededor de los labios no necesariamente son consecuencia del sexo oral.
Para entender este virus, sus características, métodos de contagio y formas de detectarlo y tratarlo, en Siéntase Pura Vida se revisaron los datos de organismos internacionales, las estadísticas nacionales y se conversó con la médica y sexóloga Carolina Díaz.
Estamos ante una infección muy común porque la provoca un virus muy contagioso. Datos del Ministerio de Salud indican que en 2024 se notificaron 761 casos, 14,3 por 100.000 habitantes. Para las primeras seis semanas de 2025 se habían detectado 73 casos, 11 menos de los vistos para la misma época en 2024.
¿Qué es el herpes?
Lo que simplemente conocemos como “herpes”, precisó Díaz, se llama virus del herpes simple, y se transmite por el contacto piel con piel.
“No necesariamente tiene que haber heridas o lesiones ‘activas’ en la piel, boca o genitales. El virus puede estar presente en las células, aunque no haya lesiones visibles”, aclaró Díaz.
No hay transmisión en el vientre materno, pero en raras ocasiones podría transmitirse durante el parto si hay lesiones activas o una infección reciente en el canal de parto.
Hay dos tipos de herpes simple: el 1 y el 2. El 1 está relacionado con herpes labial, pero también puede causar úlceras en las córneas (queratitis). Podría infectar la zona genital, pero en menor medida.
El tipo 2 sí está relacionado directamente con el herpes genital, pero puede afectar otras zonas, como el tracto gastrointestinal. En mayores complicaciones puede extenderse al encéfalo y causar lesiones.
“En personas inmunocomprometidas (con problemas de defensas) o niños pequeños, puede provocar infección generalizada”, expuso Díaz.
¿Cómo detectar el herpes?
Las primeras señales que da este virus, según Díaz, son “ampollitas diminutas” en la zona afectada.
Estas ampollas crecen y generan úlceras que son de fácil diagnóstico en una cita médica. En caso de dudas, se toma una muestra de la úlcera y se analizan en laboratorio.
También hay exámenes de sangre para detectar si la infección es causada por el virus tipo 1 o 2.
¿Cómo se comporta el herpes?
Con el tiempo esas primeras ampollas desaparecen, pero el virus va a quedar intacto en el interior de las células más cercanas a la médula espinal en cada zona.
“Queda ahí ‘durmiente’ por el resto de la vida del paciente. Esto se llama fase latente o infección latente”, resumió la médica.
Esta fase latente puede permanecer así de por vida y no causar más problemas o puede recurrir periódicamente y causar molestias cada cierto tiempo. Esto segundo es lo más común.
La reactivación puede darse por fiebre, por situaciones de estrés, por inhibición del sistema inmune, por traumas. Es común que haya posterior a un tratamiento dental o a exposiciones al sol.
¿Cuáles son los síntomas del herpes?
Los síntomas varían según el lugar de la infección. Si es en la zona oral, comenzará con pequeñas úlceras, muy dolorosas alrededor de la boca, en la mucosa oral. Puede ocasionar fiebre, dolor de cuerpo y malestar general.
Esta fase puede durar de 10 a 20 días, y provocar también molestias para comer o tragar.
Si el virus se “reactiva”, aparecerá en el mismo lugar. Previo a la aparición de las “ampollitas” se podrá sentir un hormigueo o enrojecimiento.
Luego de las ampollas se forman úlceras y después de esto se les hace una especie de costra. De cinco a diez días después se cae la costra y finaliza el episodio.
En el caso del herpes genital o anal la evolución es similar. Las primeras ampollas aparecen unos cuatro o cinco días después de la infección. La primera infección va a tener más ampollas, van a ser más dolorosas y duraderas que las que aparezcan en un episodio posterior.
En la vagina las ampollas en ocasiones molestan menos y pasan desapercibidas.
Finalmente, en la córnea se ven úlceras que duelen, lagrimeo y visión borrosa. Si no se trata, afirmó Díaz, la córnea se puede volver opaca y desarrollar pérdida de visión.
Tratamiento del herpes
El tratamiento generalmente consiste en medicamentos antivirales, que no eliminan el virus, pero sí alivian los síntomas y acortan la duración del episodio. También hay medicamentos de uso tópico, como cremas o lociones.
La zona afectada debe mantenerse limpia para evitar más molestias.
“Es importante saber que estos medicamentos no van a evitar la infección”, destacó Díaz.
Las complicaciones del herpes
Este virus generalmente se complica más en personas con problemas de defensas. En ellos, la duración cada episodio va a durar más tiempo, las úlceras pueden ser más grandes y sanar más lentamente.
Quienes tienen problemas inmunitarios también pueden tener complicaciones a niveles gastrointestinales, pulmonares o de encéfalo.
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