Mujer, ¿cómo has hecho? ¿Cómo te levantas cada día? ¿Cómo sigues adelante, cómo se consigue sobrevivir a ese dolor?, o vivir con él, cada segundo del día. El dolor sin fondo porque el padre de tus dos hijos, de 2 y 6 años, por odiarte, los mató. Los quemó vivos.
Esa es la pregunta que me hago, la que como escritora me interesa indagar; ese es el libro que escribiría, si siquiera me atreviera a llamar a esa puerta que, por cierto, no me está esperando; ni a mí ni a nadie. No está ansiando exhibirse.
En 2011, en España, un hombre asesinó a sus dos hijos en un acto de venganza. Como la madre de las criaturas se negaba a ser “suya”, él decidió darle por donde más le dolería. Años después, a un escritor madrileño la narrativa que le ha interesado es la más trillada de todas: ese rollo hueco de los psicópatas cuando viene otro y le ayuda a ponerle palabras a lo suyo.
Parece que en la actualidad hay más lectoras que lectores, las mujeres consumen (y suponemos que leen) más libros. No sé si hay más escritoras que escritores, sí sé que se publican más que antes. Qué fue primero, el aumento de escritoras o el aumento de lectoras, tampoco sé; es de suponer que habrá sido dialéctico, porque lo cierto es que las lectoras hemos descubierto que nos interesa dónde pone la lente una mujer, desde dónde. Y por qué. Y cómo.
Para una mujer nacida en 1970, esto es catártico; es decir, brinda aún más la posibilidad de gozar la catarsis de la obra artística, que solo puede darse cuando existe identificación con el punto de vista. En mi infancia y adolescencia, las historias eran siempre asuntos que le pasaban a un hombre, y eran gestas por el mero hecho de que le pasaban a uno. Las historias “de mujeres” eran “literatura menor”. (Mujeres, tengamos siempre a mano un buen puñado de comillas; según la biblia, fue Adán el que dio nombre a las cosas, así que nosotras tenemos que andar entrecomillando).
Menos mal la censura al libro “Odio" no es legal, qué poco habría avanzado el feminismo si las leyes fuesen necesarias para concretar lo que esperemos suceda de por sí: el desdén. No obstante, qué desmoralizador todo. No diré qué pereza, como se dice ahora a menudo. No da pereza, da cansancio este retroceso, este recordatorio de lo poco que hemos avanzado, a estas “harturas”, como dice el escritor Carlos Frontera.
Se añade una capa más a la desmoralización: el escritor en cuestión es homosexual. Un juicio a priori me llevó a pensar que, como tal, sabría lo que es ver las cosas desde otro sitio, desde la marginalidad; conocería en carnes propias el yugo del patriarcado sobre todas las criaturas. Pero no. A lo mejor de una forma recóndita considera el asesinato de los hijos una gesta inversa, pero gesta al fin. Y el dolor de una mujer, insignificante.
Catalina Murillo es escritora y guionista. Tiene varios libros publicados. Es dos veces Premio Nacional de Novela. ©Foto: MLRapela
