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Las voces del descontento

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La Unión Europea está enferma. ¿Quién no la defendía hace 15 años? Ya no. No cree en ella uno de cada cuatro del apenas 43,1% que fue a las urnas en las recientes elecciones al Parlamento Europeo. Tiene el síndrome TINA (del inglés: There Is Not Alternative ). Aquel sentimiento de pertenencia a una patria grande se trastocó en una lúgubre relación de compadres ricos con compadres pobres, acreedores, los unos, hasta la opulencia, y endeudados, los otros, hasta el cuello.








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