Aquella vez el espigado delantero también se hincó y miró al cielo, como lo hizo la noche de este domingo. Fue en el marco sur del Morera Soto, ahora en el norte. Ahí empiezan las diferencias, que hoy, sabemos, son enormes.
Aquella vez lo marcó Ariel Soto, ahora Keyner Brown; a ambos les ganó la posesión y el salto para anotar un gol de cabeza cargado de esperanza, con el poder de darle fin a años de decepciones por un lado y burlas por otro.
Aquella vez Jonathan McDonald fue uno de los jugadores que celebró a su lado, lo tomó de la cabeza como quien le agradecía llevar al equipo de sus amores hasta ese momento de éxtasis. Ahora McDonald estaba en la acera del frente, aunque ni siquiera en banca.
Aquella vez el centro vino de los pies de Barlon Sequeira, ahora le tocaba a José Salvatierra, ese que tiene los colores rojo y negro impregnados en su piel.
Aquella vez Andrés Carevic vestía de gris, ahora lo hacía de rojo. ¿Había posibilidad de otro color?
Aquella vez el gol provocó el delirio de la afición rojinegra en su llamada Catedral, ahora, en el minuto 30 de la final ante Herediano, el silencio era el protagonista que nadie quiso invitar.
Pero esos gritos y celebraciones se escucharon en cada rincón de Alajuela y muchas otras partes del país.
Aquella vez fue Jonathan Moya quien puso a la Liga más cerca de la 30, ahora era el mismo jugador, pero con la diferencia más grande de todas.
Aquella vez sus lágrimas de alegría se convirtieron en tristeza; ahora no hubo lágrimas en la celebración del gol, seguro de que debía reservarlas cuando Hugo Cruz extendiera su mano derecha y pitara por última vez en este 2020.
El mismo escenario esperó por un gol tan alentador, pero esta vez la defensa sí supo controlar cualquier intento de ataque de Herediano, el club encargado de hincar a los erizos el 21 de diciembre de 2019.
Ahora, un 20 de diciembre del ingrato 2020, no fue necesario llegar a los penales. Esta vez sí hubo festejos en el Morera. Afuera debieron ser con mesura (al menos eso se esperaba).
La pólvora también marcó el inicio de una celebración que esperó por siete años. Fue necesario hacer cambios significativos para llegar hasta ese trofeo. El más importante, la llegada de Bryan Ruiz.
Hace siete años la figura del fútbol costarricense regresaba de una lesión en el Fulham de la Premier League y se preparaba para un glorioso 2014.
No sabía que la vida le tenía preparadas muchas alegrías, pero también algunas desazones y un campo en la historia del club en el que tantas veces soñaron su regreso.
Tan solo necesitó cinco meses para añadirle valor a su ya importante y mediático fichaje. No fue el héroe encargado de anotar un gol determinante en el último minuto de juego, pero sí la figura con la tranquilidad de llevar el peso de los años pasados.
Se convirtió en el hombre que tantas veces le hizo falta a Alajuelense en las seis finales anteriores.
No fue solo esta noche, fue durante la gran parte del campeonato, aunque como él mismo lo recordó siempre, necesitó de otros apoyos.
Esta vez Álex López no agachó la cabeza, apenado por fallar un penal. Ahora el catracho también lloraba, pero después de hacer lo que tanto esperaron los aficionados de él.
Leonel Moreira se sintió tan identificado como el resto, la juventud rojinegra asumió un papel más allá de promesa y los de experiencia terminaron de darle un cambio a Liga Deportiva Alajuelense.
Aquella vez la afición gritó y celebró en cada butaca rojinegra, pero debió salir en silencio. Ahora festejó afuera, pero lo gritó hasta que la noche se convirtió en madrugada, en otro 21 de diciembre, uno muy diferente.