
En medio de un sol inclemente, Carmen Herrera miraba al frente cómo las olas reventaban en Playa Hermosa, en Jacó, mientras su hijo Carlos Cali Muñoz Herrera parecía jugar con las olas zigzagueando una y otra vez.
A su memoria llegaron los recuerdos de los primeros años, cuando el pequeño Cali y su hermano Beto (Alberto Muñoz Herrera) le tenían pánico al agua y aún más al mar, por lo que no se animaban a meterse.
Quién iba a pensar que más de 15 años después Cali dejaría atrás sus temores y se convertiría en uno de los mejores surfistas del planeta e integraría el selecto grupo de surfistas que conforman el Tour Mundial, el circuito profesional más laureado del orbe.
Cali, en una milagrosa clasificación, donde debían perder todos sus rivales y algunos ni siquiera llegar a la final del Torneo Hawái, obtuvo los resultados necesarios este domingo para cumplir con un anhelo por el cual luchó por más de una década.
Aquella mañana Carmen relató a La Nación, mientras observaba la competencia de su primogénito, cómo el mar les había cambiado la vida y con la ayuda de muchas personas Cali logró hacerse un nombre no solo en el surf tico, sino a nivel mundial.
“Cuando murió mi madre en Nicaragua yo me vine a Costa Rica, fue muy duro. Con el pasar de los años nacieron Carlos y Alberto. Primero vivíamos en Tibás y después nos trasladamos a Aserrí, con mi compañero Édgar Madrigal”, relató entonces Herrera a La Nación.
“A los chiquillos los llevábamos de paseo al río Machuca cerca de Orotina, pero Carlos y Alberto le tenían horror al agua, no se metían, si acaso los pies, porque les daba mucho miedo y era muy vacilón, pero disfrutábamos aquellos paseos”, añadió.
Buscando una mejor vida, Carmen y Édgar tomaron la decisión de marcharse a vivir a Esterillos Oeste, en Parrita, junto con sus hijos, sin imaginarse que aquella determinación sería el punto de partida para un nuevo comienzo en todos los sentidos.
“Cuando Cali y Beto vieron al mar se asustaron mucho, no había manera de que se metieran, se devolvían asustados cuando rompían la ola. Estaban muy pequeños y nunca habían tenido la experiencia de vivir cerca del mar y eso los impresionó, por lo que hubo que enseñarles, porque también era peligroso que les sucediera algún accidente ya que les gustaba jugar en la arena”, narró Herrera.
Su mamá, como es muy normal, fue su primera maestra en el agua. Les enseñó a nadar, cómo debían tener cuidado con las olas. Les dijo que debían mantener la cabeza alta cuando la ola rompía contra la playa o bien nadar por debajo. Todas aquellas enseñanzas fueron el preámbulo para que Cali y Alberto se enamoraran del mar y su vida empezara a girar entre la playa, las tablas de surf y la escuela.
Con tablas prestadas
El hoy integrante del Tour Mundial inició con tablas pequeñas y usadas, sus padres no tenían para comprarle, por lo que debía turnarse con sus pequeños amigos, para que se le prestaran y él pudiera ingresar al mar y hacer sus piruetas. No había una segunda oportunidad, ni tampoco valía enojarse. Debía tener paciencia y esperar su turno.
Pero la habilidad innata de Cali y Alberto fue observada por Tommy Bernsdort, dueño del hotel Rancho Coral, quien era amante del surf y decidió patrocinar a ambos jóvenes y a otros de la localidad, quienes no contaban con los recursos económicos para desarrollarse en la disciplina, aunque tenían las cualidades necesarias, de acuerdo a Bernsdort, quien era un apasionado de este deporte.
El heat de Cali terminó, Carmen parece volver al presente y entonces interrumpió la conversación para conocer el resultado. Por los altoparlantes se escucha que Cali pasó de ronda como primero en su serie, algo que no parece inmutar a su madre, quien tímidamente confesó entonces: “Lo puede hacer mejor”.
La competencia prosigue, mientras la emprendedora mamá recuerda que su pareja Édgar Madrigal y Arturo Quirós, amigo de la familia, influyeron positivamente en las decisiones tanto deportivas como personales de sus hijos.
“Rancho Coral fue el primer equipo de Cali y Alberto. Así como de otros chiquillos de la zona a quienes les dieron tablas y a los qiue inscribían en los torneos locales. Los llevaban de un lugar a otro y además siempre les insistían que debían estudiar, superarse y cumplir con sus obligaciones, más allá del surf. Arturo (Quirós) siempre estaba atento de que no les faltara nada y que lograran cumplir con sus objetivos”, enfatizó Herrera.
“Recuerdo que la esposa de don Tommy les daba clases de inglés, con el fin que ellos pudieran relacionarse con los surfistas de otros países y pudieran aprender de ellos. Así fue como Cali y Alberto empezaron a hablar inglés y también a destacar en los circuitos nacionales, que les dio la oportunidad de viajar y mejorar aún más”.
Los altoparlantes anuncian el siguiente heat, Carmen detiene su historia, sonríe y asegura que desea ver la competencia con atención. La narrativa se interrumpió, pero los recuerdos continúan divagando en su mente.
Aquellas anécdotas e historias llenas de sentimiento hoy se han convertido en el mejor recuerdo de la familia de Cali, quien después de una década de luchar contra viento y marea alcanzó el objetivo de situarse en la élite del surfing mundial, dejando atrás sus miedos al océano que se convirtió en su mejor amigo.