
La Prensa de Nicaragua opera fuera de su sede histórica. Es un medio despojado de sus imprentas y oficinas, y todo su equipo periodístico opera fuera del país. Ha sufrido asesinatos de periodistas y directores, interrupciones, allanamientos y acoso incesante. Ganó en 2025 el Premio Mundial a la Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano y el Premio Rey de España, y este 2 de marzo cumplió 100 años.
Uno de sus directores, el célebre intelectual Pablo Antonio Cuadra, la llamó “La República de Papel” en ocasión de su cincuentenario. Había sido fundado en 1926 por Gabriel Rivas Novoa, Pedro Belli y Enrique Belli y quizás entonces no se avizoraban todavía los múltiples desafíos que afrontaría: del devastador terremoto de 1972 que arruinó sus rotativas al asesinato de su director, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en 1978. La Prensa siguió trabajando.

En el 2018, cuando recrudeció la represión de la dictadura Ortega-Murillo, se hicieron todos los esfuerzos por sofocarla. Pero ahí sigue y algún día volverá a su país de origen. Incluso, quizás, a la dirección de sus instalaciones confiscadas arbitrariamente por el poder, en el kilómetro 4,5 de Carretera Norte, en Managua.
En ocasión de su centenario, hicimos algunas preguntas a Eduardo Enríquez, actual Editor en Jefe del diario más longevo de Nicaragua.
En el exilio y con la dictadura en una mala hora tras la abducción de Nicolás Maduro y la guerra en Irán, La Prensa de Nicaragua llegó a sus 100 años. ¿Qué significa esta efeméride en estas condiciones para usted, el Editor en Jefe del periódico?
Para mí y todo el equipo que hoy hace La Prensa únicamente en digital, alcanzar los 100 años nos llena de esperanza. Le hemos demostrado a la dictadura Ortega-Murillo que no han podido acabarnos, no han podido evitar que sigamos informando con veracidad y rigor a los nicaragüenses, contrarrestando su poderosa maquinaria de propaganda y desinformación, pero siempre manteniendo la ética como brújula y la independencia como faro. Te digo que nos da esperanza porque vemos cerca el fin de la dictadura, y vamos a estar allí para contarla.

¿Qué significa la permanencia del periódico y su periodismo para millones de nicaragüenses que desean algún día vivir en democracia?
Los lectores desde hace muchas décadas bautizaron a La Prensa como “el diario de los nicaragüenses”. Que hayamos cumplido cien años, aún en condiciones de exilio, le demuestra a los nicas que los Ortega-Murillo no son invencibles y más bien su fin está cerca.
“El nicaragüense, donde quiera que esté, confía en este diario o en este sitio web para conocer lo que pasa en el país. Por eso, otra frase popularizada allá ha sido, desde hace mucho: ‘Si La Prensa lo dice es verdad, y si es verdad, lo dice La Prensa’“.


En tiempos en que los populismos, la posverdad y la polarización sacan tantos réditos políticos en la región —muchas veces tildando al periodismo independiente como un enemigo—, ¿qué mensaje le da ‘La Prensa’ al periodismo independiente, serio y rigurosa de Latinoamérica?
El periodismo independiente siempre ha sido incómodo, porque la verdad incomoda a unos hoy, a otros mañana. Yo he estado en La Prensa 27 años, y he ejercido periodismo 33 años, y tengo claro que a la gente le gusta leer lo que calza en su esquema mental.
“Eso se ha acentuado ahora con las redes sociales, pero siempre ha existido; pero si bien eso es lo que ‘les gusta leer’, la otra cara de la misma moneda es ‘lo que necesitan leer’, y eso sólo se los da el periodismo riguroso e independiente.
“La persona que sólo se queda con lo que le gusta, con lo que calza su esquema mental, rápidamente deja de ser ciudadano y se convierte en rebaño. Es por eso que yo creo que la tarea del periodismo independiente, ético y riguroso es importantísima. Sin periodismo no hay ciudadanía, y sin ciudadanía no hay democracia republicana”.
Puede leer un detallado recuento de los orígenes de ‘La Prensa’ en su sitio web.





