Basta con recorrer las calles citadinas para notar que los outlets son tan comunes como las panaderías. En tierras heredianas, la analogía aplica con una ventana de pollo frito, quitándole el aroma a fritura y añadiéndole el efluvio que solo genera el plástico.
Como en un laberinto de ofertas, estos comercios reciben mercancía los lunes y, a medida que transcurre la semana, los precios descienden. El gancho es que, a cambio de presentar ligeros desperfectos o haber pasado de moda, son tan baratos que parecen inauditos. Surge entonces la pregunta: ¿es alegría o frustración ir en busca de una lámpara y salir con una cafetera de ¢4.000?
Suena como un paraíso, pero detrás de escenas podría esconderse evasión de impuestos. En sencillo: algunos exportadores traen contenedores repletos de “chunches” y declaran un valor aduanero muy por debajo del real. En la mayoría de los casos, la Dirección General de Aduanas (DGA) no inspecciona los envíos para comprobar el precio auténtico de los productos.
Así lo confirmó Cristian Montiel Torres, director de la DGA, al señalar que la institución no registra las inspecciones hechas a cada contenedor, sino que lleva un conteo de las declaraciones aduaneras (DUA) recibidas. Debido a que uno de estos recipientes puede incluir varias DUA por la diversidad de productos que contiene, resulta casi imposible precisar cuántos cajones son realmente inspeccionados en comparación con los que ingresan al país.
Mientras tanto, en cantones como Goicoechea y el centro de Cartago, los outlets han aumentado en más de un 500%, según datos de las patentes municipales. A este ritmo, pronto podrían superar en número a los puestos de lotería, al tiempo que continúan acumulándose cientos de denuncias ante el Ministerio Público por delitos como defraudación fiscal u obstrucción de información a la autoridad aduanera.
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Dudas elevadas por evasión de impuestos
Un rompecabezas de La última cena, platos de cartón con motivos navideños y hasta un Blu-ray de Efecto mariposa son algunas de las sorpresas que usted se podría llevar al escarbar un cajón de outlet. Esta escena parece una trivialidad, pero detrás de ella operan mecanismos más complejos de lo que pensamos.
La mercancía de los outlets proviene, usualmente, de puertos en Estados Unidos como Fort Lauderdale, Florida. Se trata de miles de artículos de retail que se acumulan en los almacenes y que, siguiendo la lógica del consumismo norteamericano, las tiendas buscan liquidar rápidamente. Para desentenderse, los empaquetan en cajones y los venden a Latinoamérica por tarifas simbólicas.
Target, Amazon, Shein y Walmart figuran entre los proveedores más solicitados en Costa Rica, sin que importe si los envíos llegan en buen o mal estado. Sus clientes, generalmente dueños de outlets o emprendedores dedicados a la reventa, adquieren cajones, tarimas o contenedores cuyos precios pueden alcanzar los $2.000.
Quienes adquieren estos contenedores, que miden cerca de 12 metros de largo, deben “nacionalizar” la mercancía. Al cruzar la frontera, están obligados a declarar el valor aduanero de los productos, es decir, indicar cuánto les costaron. A partir de esta información y del régimen tributario correspondiente, se calcula el monto total de impuestos a pagar.
Ahora, planteemos un escenario: imagine que alguien importa pequeñas freidoras de aire con un precio original de $30 cada una. Al momento de declarar, altera la información y reporta un lote de cuadernos valorados en $2, manteniendo el peso que tendrían las freidoras. Si Aduanas no realiza una inspección física o documental del contenedor, la diferencia podría pasar inadvertida, lo que permitiría al importador pagar un impuesto mucho menor al que realmente le corresponde.
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Además de evadir el pago del impuesto selectivo al consumo, este importador también estaría incumpliendo con las notas técnicas aduaneras, aquellas que garantizan que los productos sean aptos y de calidad para la venta al público. Por ello, hemos sido testigos de vacunas vencidas que terminan mezcladas entre tanto “tiliche”.
El director de Aduanas explicó que, en cada descarga de contenedores, la institución evalúa si es necesaria una inspección física con base en parámetros de riesgo. No obstante, calificó estos criterios como “confidenciales”, pues “no existe una regla única” aplicable a todas las importaciones.
Montiel explicó que estos parámetros funcionan como un sistema de semáforo. Las declaraciones con luz verde quedan exentas de revisión; las que reciben luz amarilla pasan por un control documental, y las clasificadas en rojo son sometidas a una inspección física.
Para que dimensionemos: en 2022, las autoridades realizaron inspección física en el 76,2% de las DUA de importación. En 2023, la cifra aumentó al 84,3% y, hasta setiembre de 2024, el 79% de las revisiones incluyó una verificación presencial de la mercancía. Este proceso es clave, ya que permite al personal confirmar que los productos estén en buen estado y que su valor aduanero coincida con lo declarado.
En consecuencia, al 10 de setiembre de 2024, la Dirección General de Aduanas había presentado 90 denuncias ante el Ministerio Público por delitos como defraudación fiscal, subfacturación, ocultamiento u obstrucción de información a la autoridad aduanera, solo en ese año.
A raíz de esta problemática, una denuncia anónima presentada el 31 de octubre de 2023 por un grupo de comerciantes ante el Ministerio de Hacienda, de la cual esta revista obtuvo una copia, revela que para esa fecha existían 867 tiendas dedicadas a la venta de productos bajo la modalidad de cajones importados en Costa Rica.
El documento también señala que la mayoría de estos locales estaban registrados bajo el régimen de tributación simplificada, lo que les permite no cobrar el Impuesto al Valor Agregado (IVA), a pesar de no cumplir con los requisitos exigidos para acogerse a este régimen, como que el número de personas empleadas en sus operaciones no exceda las cinco.
RD consultó al Ministerio de Hacienda sobre la recepción y el estado de esta denuncia, así como la confirmación del número de cajoneras, pero al cierre de edición no se obtuvo respuesta.
Podrían ser cientos de outlets bajo esta modalidad, pero no todos operan con prácticas cuestionables. En la mayoría de los casos, representan una auténtica salvada: el aliado ideal para encontrar artículos para fiestas o la oportunidad de adquirir dispositivos electrónicos cuyos precios suelen estar inflados en otros comercios.
La evidencia se refleja en las filas kilométricas y la fuerza con la que las estampidas de personas irrumpen cada vez que llega nueva mercadería. Apenas estamos comenzando a conocer estos espacios donde el ocio se fusiona con la búsqueda de “chunches”.
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¿Nos cambian los outlets?
Desde hace décadas, Costa Rica ha recibido diversos negocios tipo outlet. Primero fueron las tiendas de ropa americana, que ofrecían prendas a muy bajo costo, y ahora la tendencia se extiende a cualquier ocurrencia.
En estos comercios es posible encontrar una batidora por ¢5.000, cuando en su tienda oficial costaría ¢40.000 o más. La oferta no se limita a pequeños electrodomésticos: libros, joyería, productos de belleza y aseo personal, dispositivos electrónicos, muebles e incluso maquinaria para hacer ejercicio llenan los estantes. Con precios tan llamativos, resulta difícil no sucumbir a la tentación.
Eso sí, muchos galerones no se esfuerzan por tener una línea decorativa personalizada; al contrario, para atraer más clientes, prescinden de la tradicional puerta de seguridad y exhiben su mercancía directamente en el bulevar, acera o cualquier punto de tránsito peatonal.
La oferta sigue a la demanda, y los costarricenses parecen inclinarse cada vez más por estos negocios. Al recorrer una calle transitada —pensemos en Escazú— se aprecia el contraste: mientras un centro comercial tradicional permanece cerrado por la tarde, una plaza a cielo abierto mantiene su dinamismo con farmacias, restaurantes y, naturalmente, un outlet.
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Este fenómeno responde a un cambio en las dinámicas comerciales, según explicó Manuel Morales, director del Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah) y docente en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Para comprenderlo, es necesario remontarse a épocas pasadas, cuando las personas solían visitar parques o plazas para disfrutar de un helado. Con el aumento de la percepción de inseguridad, también creció el temor hacia los espacios abiertos y gratuitos. Los grandes beneficiados de este cambio fueron los malls, que terminaron por sustituir a los espacios públicos como puntos de encuentro.
El comercio, a su vez, se adaptó a las dinámicas de expansión urbana. A medida que las poblaciones se trasladaron a suburbios alejados de los centros, los negocios las acompañaron. Esto explica la proliferación de centros comerciales en barrios cada vez más distantes.
Ahora, según Morales, este fenómeno se repite en cierto grado con los outlets. Su crecimiento en zonas suburbanas es cada vez más evidente y, como consecuencia, afectan a los comercios más pequeños por su capacidad de oferta. “Tienden a irse comiendo a los pequeños comercios tradicionales que están a su alrededor”, señaló.
Arturo Rosabal Arce, presidente de la Cámara de Comercio de Costa Rica, coincidió en que este fenómeno representa un riesgo. Al ofrecer mercancía a precios sumamente bajos, los outlets colocan en una clara desventaja a los negocios locales y especializados. Para un emprendedor, resulta difícil competir contra un rótulo de “Todo a ¢1.000″.
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Crecimiento desmedido de los outlets
Seguirle el rastro al crecimiento de los outlets, especialmente a los que comercializan con cajones, no es sencillo. En algunas municipalidades, como la de San José, las licencias de patentes se otorgan como cualquier otra tienda de comercio, por lo que no se registran de manera diferenciada.
En Goicoechea, por ejemplo, la patente también se incluye en la categoría de comercio. La salvedad es que esta municipalidad sí lleva un registro de las tiendas bajo el modelo outlet y, entre el 2019 y el 2024, el número de estos negocios pasó de 4 a 23; es decir, un crecimiento del 575% en cinco años.
Otro sitio donde se observa la proliferación de outlets es el cantón central de Cartago, donde las patentes comerciales se concenden bajo categorías como tiendas por departamentos, venta al por menor o almacenes de variedades. Entre 2021 y 2024, la zona pasó de tener dos outlets a contar con 12, lo que representa un incremento del 500%.
Está claro que alegran a sus clientes. Sin embargo, no todo es tan feliz.
Revista Dominical consultó a la Comisión Nacional del Consumidor del Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) sobre la cantidad de denuncias presentadas por consumidores que adquirieron mercancía en cajones, ya sea por recibir productos defectuosos o verse afectados de alguna manera. Sin embargo, explicaron que no existen estos datos específicos, ya que “no se cuenta con una categoría de establecimiento comercial para negocios denominados outlets”.
Lo que sí es un hecho es que, en mayo de 2024, el Ministerio de Salud y el MEIC fiscalizaron 15 de estos comercios y encontraron múltiples irregularidades. Entre ellas, facturas que no incluían información sobre políticas de cambio o garantía, como el plazo disponible o el proceso a seguir en caso de requerirlo.
También detectaron la venta de artículos vencidos, medicamentos sin registro sanitario, equipo biomédico en condiciones irregulares y el incumplimiento de normativas sobre advertencias de seguridad en su uso.
Además, entre setiembre de 2022 y 2024, la Dirección General de Aduanas decomisó cerca de 124 toneladas de mercancías en tiendas tipo outlet, que presuntamente vulneraban el régimen jurídico aduanero.
Dentro de este mismo periodo, se iniciaron 22 procesos administrativos a importadores y, a setiembre de 2024, la Policía de Control Fiscal (PCD) había realizado 40 decomisos de mercancías por no contar con las notas técnicas o estar mal declaradas en las DUA de importación.
¿Quién no se ha encontrado con esas tazas que parecen perfectas hasta que el café se filtra por una grieta oculta, con un Funko Pop decapitado o con una lámpara que promete iluminar una avenida entera, pero que al final no enciende? Pese a todo, esa es la esencia de los outlets; por más que sea decepcionante, es difícil enfadarse con las gangas.
Hoy, que es domingo, vaya y aproveche ese cajón en la esquina donde todo está a ¢2.000.