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Cuando desde Zapote se miraba el partido de la Selección de Futbol de Costa Rica contra su similar de México en el Estadio Azteca, probablemente no se consideraba que dicho recinto fue diseñado por el mismo arquitecto que proyectó la Casa Presidencial ubicada en San José. Se trata de Pedro Ramírez Vázquez, quien nació en 1919 y falleció el pasado 16 de abril: fue el creador de una obra atemporal que fortaleció la cultura y la sociedad mexicanas.
Capacidad de aportar. Ramírez hizo política duradera con su arquitectura. Se fundamentó en los criterios del museógrafo Carlos Pellicer, quien –según el mismo arquitecto– “no mencionaba la arquitectura, no se refería a Pericles, sino al uso de espacios en convivencia”. Esta cita inspiró al arquitecto, quien se basó en la Grecia clásica, donde la gente desarrollaba su vida en el espacio urbano.
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Pedro Ramírez se graduó en la UNAM en 1943, y desde entonces produjo una obra basada en el deseo de servir. Miquel Adrià afirma sobre el arquitecto mexicano: “Su capacidad para entender y resolver problemas de gran complejidad lo sitúa entre los más lúcidos y efectivos transformadores de las ciudades del pasado siglo”.
El impacto de Ramírez Vázquez es incalculable. Sobresale su lectura profunda del sentido político de la arquitectura en beneficio de la gente. Según él, es fundamental nuestra “capacidad de aportar, de servir y de ser útiles”. Agregó: “Ser útil es las más alta aspiración de todo ser humano. Es así como el artista cumple con su deber social, con su deber político; porque la política es precisamente el arte de ser útil”.
Ramírez Vázquez comentaba que “la buena arquitectura es la que subsiste”, y para lograr continuidad se basó en la fuerza de la colectividad. “La arquitectura es por excelencia un trabajo de equipo”, solía decir, y en grupo desarrolló obras como el Museo Nacional de Antropología (1964), el Estadio Azteca (1966) y la Basílica de Guadalupe (1976).
Dando y dando. El Museo de Antropología es una fantástica representación de la cultura mexicana. Es una síntesis que celebra la esencia prehispánica en una era contemporánea. Por su simbolismo y su claridad arquitectónica es uno de los principales recintos culturales del mundo. Su patio está influido por el cuadrángulo de las Monjas (de Uxmal) y, según Adrià, “es un referente de la gran escala sólo equiparable al Zócalo o a la calzada de los Muertos de Teotihuacán”. El museo tiene 45.000 m² y su construcción duró 19 meses.
El arquitecto también diseñó las Escuelas Rurales (1958-1989) del México actual, y las construyó a un ritmo de mil por año. Las escuelas se basaban en el sistema “dando y dando”, el cual –según el arquitecto- “incluía lo que los vecinos podían aportar (los materiales para construir los muros y la cubierta, su trabajo y el terreno), y lo que aportaban los arquitectos era la solución constructiva”.
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Las aulas fusionaron prefabricación y participación artesanal. Algunas incluyeron una “casa del maestro” que contenía un “muro húmedo” con inodoro, ducha, lavatorio y fregadero. El arquitecto obtuvo la medalla de oro en la Trienal de Milán de 1960 por las escuelas, y la de plata por el diseño del muro húmedo. La UNESCO adoptó el sistema, y se construyeron dichas escuelas en la India, Filipinas, Indonesia, Italia y Yugoslavia, y en 17 países de América Latina.
Colaboración abierta. El arte gráfico de los juegos olímpicos de 1968 –dirigidos por Ramírez Vázquez– surgió del arte huichol –propio de los huicholes, ubicados en Jalisco y Nayarit–. Entre las edificaciones de estos juegos sobresale el Estadio Azteca (de Ramírez Vázquez) y el Palacio de los Deportes (de Félix Candela).
El Azteca fue una “solución serena” –como Ramírez la llamó– y no partió de una determinada solución formal. La obra –desarrollada con Rafael Mijares – tiene una capacidad para 110.000 espectadores y fue sede de los Mundiales de Futbol de 1970 y 1986. Su estructura –diseñada por Félix Colinas y Óscar de Buen– se fundamenta en elementos de doble función, como las rampas de acceso, tensores de los marcos que soportan las graderías.
A su vez, el Estadio de Puebla –también obra de Ramírez– es equivalente en diseño y tamaño a la tribuna baja del Azteca. El Palacio de los Deportes de México resultó un proyecto “extraordinariamente económico, una estupenda solución constructiva y arquitectónica”, según Ramírez Vázquez.
La Basílica de Guadalupe es el segundo recinto religioso más visitado del mundo, con 20 millones de peregrinos al año. Por esta afluencia, Ramírez Vázquez propuso que se pudieran realizar varios oficios a la vez gracias a su innovadora solución de “capillas-palco”. Ramírez mencionó que, “si los proyectos no se plantean partiendo de las condiciones reales, la creatividad no aporta nada positivo”.
El arquitecto incursionó en el diseño de logotipos, y sobresale el de los juegos olímpicos de 1968. A su vez, en el logotipo de Televisa representó al mundo y la silueta del ojo humano, ambos vistos desde la televisión.
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Atemporalidad. Ramírez Vázquez fue ministro de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (1976-1982). En una de sus conversaciones con J. A. Aguilar Narváez, consideró que “actuar con madurez significa responder a necesidades reales y no ceder en el diseño a caprichos de la forma”.
Como ministro puso en marcha el Plan Nacional de Desarrollo Urbano e inició la reconstrucción del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Él promovió la descentralización y proyectó Dodoma (Capital de Tanzania). Esta ciudad, a diferencia de Brasilia, mezcló las actividades del gobierno con oficinas y viviendas. En México, Ramírez diseñó el edificio del Congreso de la Unión (1980) y la Embajada del Japón, esta última en colaboración con el arquitecto japonés Kenzo Tange. La embajada es un edificio sostenido por cuatro pilares, con volúmenes en voladizos escalonados en sus fachadas.
En 1976, en conjunto con Rafael Mijares, Ramírez diseñó el local que es hoy la Casa Presidencial de Costa Rica. El objetivo fue integrar la arquitectura con el paisaje y generar un microclima por medio del espejo de agua que es iluminado por una cubierta translúcida inspirada en la arquitectura tropical.
Ramírez Vázquez mencionó que, “en el patio central, un espejo de luz reproduce la vegetación dando una sensación de exuberancia”. A su vez, mencionó que “los dos cuerpos del edificio están integrados a través de rampas a medios niveles uno del otro. Ello permite una gran diversidad de perspectivas”.
La obra de Ramírez Vázquez es una suerte de atemporalidad por su uso permanente. ¿Cuán actual es para un equipo jugar ante la selección mexicana en el Estadio Azteca, y cuán actual es para un feligrés orar en la Basílica de Guadalupe? Estas y muchas de sus creaciones resultan materia útil: valiosas edificaciones atemporales, dignas y de gran factura constructiva en función de cultura y la sociedad.
Anécdotas de artista. En su visita a Costa Rica en 2005, Pedro Ramírez Vázquez comentó que “urbanismo sin poder es un hobby . Me impresionó su agudeza durante el diálogo que sostuvo con el entonces presidente de México Vicente Fox en la Casa Presidencial. Me comentó luego que su acercamiento a varios presidentes mexicanos fue clave para la concreción de sus obras públicas.
En el espacio interno de Casa Presidencial, al arquitecto le agradó el estado actual del edificio en general, aunque extrañó la calidad de la tonalidad oscura original del espejo de agua.
El arquitecto me solicitó visitar el Mercado Central, donde le generó gran satisfacción conversar con la gente. A su vez, lo llevé al Museo de Oro, donde me expresó que le resultaba un edificio muy bien logrado.