Richard Chamberlain, galán de la televisión estadounidense entre los años 60 y 80, murió este domingo 30 de marzo a los 90 años. Su legado incluye personajes icónicos como el doctor James Kildare y el sacerdote Ralph de Bricassart en El pájaro canta hasta morir, pero también destaca su lucha silenciosa contra un Hollywood que no estaba listo para su verdad.
La lamentable noticia fue confirmada por su publicista, Harlan Boll, a la revista Variety. De acuerdo con Boll, Chamberlain falleció en Hawái a causa de un derrame cerebral, dejando tras de sí una carrera que lo convirtió en ícono de la pantalla chica y en una de las figuras más enigmáticas de su tiempo.
Richard Chamberlain nació el 31 de marzo de 1934 en Beverly Hills, California. Desde muy pequeño se dedicó a la actuación y eso lo llevó a encarnar diversos papeles en pequeñas producciones, hasta que a los 27 años se topó con Dr. Kildare, una serie que le daría un espaldarazo enorme. Con Dr. Kildare, Chamberlain se consagró como mejor actor televisivo y recibió su primer Globo de Oro, lo que le dio un reconocimiento inusitado entre sus colegas.
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Gracias a ese despegue, su nombre comenzó a estar en elencos de películas como Infierno en la Torre, El Hombre de la Máscara de Hierro y El Conde de Montecristo, además de miniseries como Hamlet, Centenario y Los Tres Mosqueteros, entre otras.
En los años 80, con una experiencia considerable y un aplomo digno de una estrella de Hollywood, Chamberlain protagonizó al piloto mayor John Blackthorne en Shogun, una producción basada en las costumbres de los habitantes de Japón, quienes lo desprecian y forjan su personalidad.
Posicionado como uno de los actores más importantes de la escena artística de los Estados Unidos, Chamberlain logró un prestigio aún mayor con su personaje en El Pájaro canta hasta morir, una miniserie que se rodó en 1983 y contaba la historia de un cura católico que tenía el corazón dividido entre su amor por Dios y el amor pasional por Meggie Carson.
Durante la década del 90 en adelante, Chamberlain se mostró evasivo ante los elogios que lo catalogaban como un galán. Reticente a este rótulo, desde Hawái, el país que lo acobijó en sus últimos años de vida, el actor escribió sus memorias en un libro llamado Shattered Love, donde contó una historia hasta ese momento desconocida: una dura infancia con un padre alcohólico y cómo llevó, durante años, los rumores de su presunta homosexualidad.
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“Cuando yo era joven, ser gay, afeminado o cualquier cosa por el estilo estaba prohibido (...). Lo mejor de todo es que ya no soy un galán, así que no necesito dar esa imagen”, indicó tajante sobre su vida íntima, confirmando su relación con Martín Rabbett, un reconocido productor estadounidense.
“Por ese entonces temía que hablar abiertamente de mi condición sexual pudiera dejarme fuera del mercado laboral cinematográfico de la época. Llegué a pensar que algo estaba terriblemente mal conmigo e, incluso, cuando me hice famoso, ese sentimiento seguía ahí”, agregó el actor, en diálogo con The New York Times.
A los 90 años, debido a un grave problema de salud, Chamberlain falleció en Hawái, pero dejó una gran colección de piezas artísticas que aún continúan disfrutando sus seguidores.